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Capital humano

Ñuble, y específicamente la ciudad de Chillán, han registrado un fuerte incremento en el número de estudiantes de enseñanza superior en los últimos 20 años. Es así como esta cifra pasó de los 10 mil matriculados en el año 2000, a más de 30 mil el año pasado. Ello da cuenta de un mayor nivel de escolaridad de la población, así como del aumento de la oferta académica en la capital regional, lo que queda en evidencia al constatar que en la actualidad se ofrecen más de 200 carreras en 22 establecimientos.

Chillán se ha convertido, entonces, en un polo educacional, atrayendo a jóvenes de distintas regiones, que ven en esta ciudad una alternativa económica y segura para estudiar, lo que está en sintonía con la vocación de centro de servicios que tiene hoy la urbe, por su condición de capital de una región que tiene 21 comunas y cerca de medio millón de habitantes.

Pero contradictoriamente, pese a estas auspiciosas cifras, la región no ha sido capaz de retener y atraer capital humano, pues los egresados optan por emigrar a Santiago y otras regiones donde existen más oportunidades laborales y salarios más elevados. En suma, Ñuble, y particularmente Chillán, es un mero prestador de servicios de enseñanza, que exporta la mayor parte de su capital humano, y no ha sabido aprovechar esta masa crítica para promover el desarrollo económico de la zona.

Las estadísticas muestran que la fuga de talentos desde Chillán no cesa, de hecho, según datos del Censo de Población de 2017, la mayoría de los chillanejos que han migrado en los últimos cinco años son egresados de la enseñanza universitaria. De acuerdo al análisis basado en el Censo 2017, realizado por el Departamento de Estudios de la Dirección de Desarrollo Económico (Didepro) de la Municipalidad de Chillán, el 32,8% de los migrantes chillanejos tiene educación superior universitaria completa, cifra que es superior al promedio de las capitales regionales del país (31,0%).

Para un abogado, un ingeniero o un médico veterinario, y también para los técnicos, la capital de Ñuble no representa una alternativa atractiva desde el punto de vista laboral, porque sencillamente no existe la oferta, pero tampoco es atractiva desde el punto de vista de la calidad de vida. Todo esto repercute en la escasez de emprendimientos y reduce las posibilidades de generar valor agregado a la producción. Ello significa, en la práctica, que de no ocurrir un cambio, la zona seguirá produciendo y comercializando commodities (madera, celulosa y frutas, principalmente), y los salarios de sus trabajadores seguirán siendo bajos en comparación con el promedio nacional.

Este círculo vicioso en que los salarios bajos son un desincentivo para la atracción de profesionales y la falta de profesionales dificulta la agregación de valor a la producción y la generación de emprendimientos, que a su vez son determinantes en la estructura salarial local, le impone a la región el que quizás sea su mayor desafío: por un lado, crear las condiciones para aumentar la inversión privada y por otro, focalizar los incentivos en las micro, pequeñas y medianas empresas que agreguen valor. 

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