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Regalemos buenos libros

Junto con los cumpleaños, las fiestas en torno a Navidad y Pascua de Reyes son probablemente los momentos para concretar diversos tipos de reuniones en que, en mayor medida, los motivos de reunión son la amistad, el cariño, o el aprecio en común. Son desde luego también, momentos para agradecer, para compartir un tiempo acogedor, o para dar esperanzas recíprocas de un futuro mejor.

Lo usual en estas reuniones familiares o de amigos, o entre compañeros de alguna actividad conjunta, es que se intercambien regalos. Incluso muchos de estos momentos son organizados con bastante anticipación para que cada uno pueda destinar algo de tiempo para buscar un regalo o un presente que resalte precisamente, la amistad o el aprecio en común. Creemos que para estos casos, regalar libros buenos son una conveniente opción. ¿Por qué?

En primer lugar, la lectura nos permite conocer, aprender, descubrir, reconocer o investigar muy diversas realidades. Luego, también los buenos libros pueden conducirnos a otros lugares, a diferentes épocas, alimentan y avivan la imaginación, la capacidad de inventiva y creatividad, a la vez que nos ayudan a ser mejores personas.

En efecto, los libros son una forma específica que se ha dado la civilización para alimentar el carácter personal y colectivo que denominamos “cultura”.

Desde esta perspectiva, conviene precisar que el libro se constituye en un vector fundamental de las capacidades que nos hacen más humanos porque junto con proveer información o conocimientos, a través de los libros podemos comprender, problematizar y proyectar valores éticos; podemos reconocer modelos de conducta apropiados para desarrollar nuestros fines existenciales; muchos autores en sus libros nos invitan a imaginar situaciones posibles o deseables y de esta forma enriquecer nuestra interpretación de la realidad. Al mismo tiempo, podemos en los libros, apreciar elementos culturales lejanos en el tiempo o distintos a los nuestros.

¿Acaso no es eso, o algo parecido, lo que experimentamos, analizamos o advertimos al leer por ejemplo, Antígona, Hamlet, El Señor de los Anillos, El Principito, Momo, o El Hombre en Busca de Sentido?

 Una persona culta tiene que saber hablar, ser dueño de uno mismo, compartir intereses, asumir tareas, ejercer derechos, ser buen amigo, entre otras tantas características (“La persona y su intimidad”, 1998).

¡La cultura viene de la mano de la buena literatura!

Así, en un tiempo en que la comprensión lectora es ampliamente insuficiente; en que la comunicación por redes sociales es de mala calidad; y en que muchas personas tienen dificultad para encontrar las vías y niveles adecuados de expresión de sus emociones, regalar un buen libro parece ser el mejor regalo que es posible hacer, a la vez que parece ser un acto de genuina amistad.

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