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“Queremos transitar hacia una agricultura sostenible y resiliente”

Tras su paso por la Fundación para la Superación de la Pobreza y como encargada de género del Ministerio de Agricultura, la socióloga colchagüina Fernanda Azócar Rodríguez, fue seleccionada por el sistema de Alta Dirección Pública como directora de Indap Ñuble, cargo que permaneció sin titular por más de un año, hasta inicios de julio.

Con el foco en poner en valor el patrimonio campesino local, las viñas, el turismo rural, el fomento de los circuitos cortos de comercialización y la promoción de la agroecología, la profesional sostuvo que “Ñuble es una región muy rica en patrimonio, todavía hay campesinos que trabajan en ese modo de vida, creo que ahí hay un valor que es muy rico y que nos hace preguntarnos qué modelo de desarrollo queremos como región”.

¿Qué le pasó con los resultados de la Casen 2022 en Ñuble?

Me pasó dos cosas. Uno, que celebro que esté reduciéndose la pobreza a nivel nacional y regional también. De hecho, la pobreza multidimensional en Ñuble baja. No obstante, la pobreza por ingresos te da cuenta de un modelo económico que depende mucho de los empleos y que pregunta mucho desde la carencia, desde lo que nos falta. Y yo hago también la pregunta inversa: ¿qué tenemos como región? Somos muy ricos también, porque tenemos patrimonio cultural, nuestras huertas, nuestras viñas, tenemos alimentación, productos que permiten que tengamos una despensa regional. Y también tenemos mucho de saber hacer, que es único a nivel nacional, uno ve las regiones vecinas con las cuales uno tiende a compararse por la matriz productiva y tenemos ciertas particularidades, somos altamente más rurales, es decir, yo voy al Valle de Colchagua y veo una industria viñatera que tiene otro modo de comportamiento y un valor que no toma lo patrimonial.

Si uno mira las cifras de O’Higgins y las compara con Ñuble, uno se pregunta ¿qué brechas tenemos para que la gente del campo pueda mejorar sus ingresos?

La Región de O’Higgins, su matriz productiva es dual. Tiene la minería y tiene la agricultura. Y ahí uno puede mirar ciertas cosas que son virtuosas y otras que son negativas. En el caso del Maule, hay harta industria, donde también se dan ofertas de empleo de temporada, pero también es dual, aunque las condiciones laborales no siempre son las más idóneas. En cambio, acá en la Región de Ñuble, probablemente no tenemos una agroindustria tan consolidada, por eso creo que hay una oportunidad.

¿Una oportunidad de qué?

Una oportunidad de que sea dual, armónico. Porque en O’Higgins, siempre se señala que está mucho más expuesto a los agroquímicos, producto de este aumento explosivo de la agroindustria que fue desmesurado en algún momento, porque se hablaba de Chile potencia agroalimentaria, mirábamos hacia afuera y fomentábamos la agroexportación y eso también genera externalidades negativas y que probablemente acá está un poquito más guarecido de eso. Acá es muy importante la seguridad para la soberanía alimentaria, que podamos consumir alimentos que nosotros mismos proveemos y por eso yo hablo de la despensa de Ñuble.

Pero vamos al mercado y compramos productos de Arica o de Perú.

Por eso es tan importante consumir los alimentos de temporada, que también es una medida que ha lanzado el Ministerio de Agricultura. Por ejemplo, si nosotros consumimos tomate en invierno, sabemos que viene de Arica o de otras partes.

Pero las lechugas se pueden producir todo el año. ¿Por qué tenemos que traerlas de la Región Metropolitana?

Ahí tenemos un tema de comercialización, es uno de nuestros lineamientos activar los mercados más inclusivos, circuitos cortos. Por ejemplo, mi primera visita fue en San Carlos y conocí a agricultores que están en un SAT hortícola, donde nos señalaban que vendían toda su producción en las ferias de artesanos de San Carlos. Entonces, también nos da cuenta que hay modelos que funcionan en circuitos cortos.

Pensando en el fomento productivo, ¿cuáles son los programas que está interesada en mantener e impulsar?

Claro, uno no tiene que inventar la rueda. Acá hay experiencias bien virtuosas: se destaca el plan de inversión más sistémico del vino, el Indap ha acompañado mucho los procesos de formación de acopios, el 25% de la uva llega a acopios que fueron inversión de Indap, y eso es algo que queremos impulsar, porque sabemos que no vamos a cambiar el precio de la uva, eso no depende de nosotros, pero sí depende de nosotros poder abrir distintos tipos de mercados, apoyar a los agricultores que están afectados, aprender de experiencias exitosas, conectar viñateros y enólogos que ya tienen experiencia, como asesores técnicos de nuestros usuarios de Indap; también la dimensión del turismo rural, estamos en conversaciones con el Gobierno Regional, con la FAO, en materia de conectividad digital rural, pero apalancando desde el turismo rural, estamos haciendo el diagnóstico para avanzar en esa dirección. Y la agroecología, o sea, transitar hacia una agricultura sostenible y resiliente. Eso quiere decir que nosotros estamos hoy con una impronta, tenemos un programa reciente que se llama Transición a la Agricultura Sostenible, que acá se va a implementar por primera vez en Yungay y Pemuco, es un piloto a nivel nacional, que toma asesoría técnica en materia de agricultura más resiliente.

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