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La conexión que falta

En su último informe económico sobre Chile, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) fue enfática en señalar que el país no podrá alcanzar el desarrollo mientras no establezca un relación mucho más directa y colaborativa entre el mundo que genera el conocimiento y el que en definitiva lo aplica en el mercado laboral. En el caso de Ñuble, la agroalimentación es el área que presenta las mejores oportunidades para ello, siempre y cuando los centros de transferencia tecnológica, de emprendimiento e innovación que existen en las universidades de Concepción y del Bío-Bío, lo mismo que en INIA Quilamapu, sean capaces de asociarse en una política de largo plazo que tenga respaldo en una institucionalidad que permita esa vinculación con el mercado.

El estudio expone distintas razones para justificar la importancia de avanzar en innovación e investigación, como también la necesidad de reformular la estrategia con que actualmente se está abordando la enseñanza terciaria, que la restringe para formar un capital humano de nivel competitivo mundial. Igualmente, advierte que pese a existir ventajas para que la educación superior efectivamente se transforme en un aporte al desarrollo y crecimiento regional, debe profundizarse en investigación aplicada, donde las ideas se concreticen y se lleven al mercado, a la industria, e influyan favorablemente en la productividad local, que en el caso de Ñuble apenas alcanza a la mitad del promedio nacional.

En consecuencia, mejorar la coordinación entre el sector público y las empresas, creación y transmisión del conocimiento, principalmente a las pequeñas y medianas empresas, es uno de los tres factores clave para mejorar la productividad. El otro es la inversión en I+D del sector público y privado, que en Ñuble es muy baja; y el tercero la inversión en infraestructura pública y privada en telecomunicaciones, que también contribuye a una mayor productividad y mejora la competitividad de los productos de exportación.

A fines de junio se presentó una nueva versión del Ranking de Competitividad Mundial 2022, donde se muestra que Chile cae, por segundo año consecutivo, en sus niveles de competitividad, alcanzando el puesto número 45 de 63 países sondeados, su peor registro y su nivel de competitividad económica más bajo a nivel histórico.

El informe delinea una serie de desafíos y lanza una clara advertencia para el país, con el fin de evitar que siga profundizando su caída en competitivad. “Algunas de las consecuencias adversas de darle una prioridad reducida a la innovación, incluyen un menor crecimiento, menor productividad, y pérdida de mercados que a su vez impactan en la generación de puestos de trabajo y en los salarios”, resume el documento.

Por ende, articular e incentivar la vinculación de los centros de investigación local, con el objetivo de aumentar la productividad de nuestra economía debiera ser prioridad del gobierno regional, máxime si Ñuble cerró un año en que su desempeño en diferentes indicadores va a la cola del país. Nada va a cambiar mientras no se conjuguen la educación superior, el emprendimiento, la investigación e innovación y sobre todo la voluntad política y el interés y compromiso del sector privado. Una suma de factores creadores de valor: la ansiada competitividad de la Región de Ñuble.

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