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Hundirse o elevarse

Mauricio Ulloa

Desde el punto de vista de las expectativas, ésta es sin duda una de las mayores crisis sanitaria y social que han debido enfrentar los ñublensinos en las últimas décadas, y a la luz de las proyecciones, también lo será en materia de inversión, ingresos y empleo.

Estos y otros temas fueron abordados en el “Adiós Reapertura, Bienvenida reinvención”, organizado por Mentorin y Cowork Chillán y que contó con las máximas autoridades regionales del área económica y representantes de centros de estudios y asociaciones gremios.

Interesante fue constatar la positiva visión que sobre la región tiene el empresario Juan Sutil, Presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), quien planteó que “El impacto de la crisis será menor en la región de Ñuble” y que una vez superada la pandemia, y en la medida que Ñuble logre resolver algunos problemas estructurales, podrá sumar más actores al desafío de exportar y así aprovechar su gran potencial.

Sutil tiene empresas y campos en la zona y desde ese conocimiento nos recuerda que ese potencial frutícola está constituido por recursos naturales muy valiosos hoy en día, como suelo y agua, aún disponibles a un precio razonable, lo mismo que una cultura agrícola, centros de enseñanza y de investigación y una variada oferta de servicios asociados. Sin embargo, el líder del empresariado chileno también reconoce que el aprovechamiento de ese potencial está limitado por la deficiente infraestructura vial y de telecomunicaciones, y problemas como el acceso a financiamiento y limitaciones para establecer canales directos de comercialización con el exterior, temas donde el Estado no siempre llega a tiempo con el apoyo, pero que por sobre todo requiere una mayor cultura asociativa.

La colaboración no es frecuente y muchas son las razones, pero la falta de incentivos –que fue la perspectiva de análisis presentada por el profesor Renato Segura, director del Centro de Estudios de Realidad Regional- resulta muy interesante. El ex director de ProChile y también columnista de La Discusión, plantea la necesidad de un contrato social distinto entre el Estado y las pymes, para incentivar la creación de cadenas de valor; un contrato que se sustente s en políticas públicas de Estado, que no caduquen cada cambio de Gobierno, como ha venido ocurriendo las últimas décadas.

Desde las llamadas empresas B (empresas con propósito social) también hay mucho que aprender. En medio de esta pandemia, no están mostrando un camino donde las reglas han cambiado; donde el ser humano importa, la naturaleza importa, y nuestro futuro depende de lo que hagamos hoy.

Por el lado del Gobierno, en tanto, se nota una positiva coordinación del gabinete económico regional e indicadores de gestión que palidecen ante lo profundo de la crisis y las cicatrices que está dejando, pero que son bastante superiores a otras regiones más grandes, con mayores equipos profesionales y recursos.

Igualmente, resulta alentador constatar que en un nivel de gestión como el regional, donde autoridades y emprendedores -literalmente- se relacionan cara a cara, prevalecen espacios de trabajo conjunto, más que críticas y disenso, y hay plena conciencia de que nuestra economía está profundamente interconectada y que la salida a esta crisis es compartida.

Frente a una crisis, del tipo que sea, solo hay dos opciones: hundirse o elevarse, bloquearse o superarse. Iniciativas como el citado seminario, y otras que han liderado las universidades y el propio Gobierno, contribuyen a ese esperanzador punto de inflexión ante la catástrofe económica que se está gestando aceleradamente, y que puede ser más dañina que la pandemia del covid-19.

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