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Adán y Eva y la Nueva Constitución

¿Qué tiene que ver el mito bíblico con la Nueva Constitución? Trataremos de explicarlo.

Adán y Eva vivían plácidamente en el paraíso, en sintonía absoluta con la naturaleza, pues eran parte de ella, de sus leyes y de sus auto regulados equilibrios ecológicos y ambientales. Dicho en lenguaje constitucional, tenían una relación “indisoluble con la naturaleza” (art. 1 párrafo segundo del borrador del texto de la Nueva Constitución) y además el paraíso era “paritario”, aunque claro un poco machista porque Eva nació de una costilla de Adán. Dios les permitía vivir en plena armonía en y con “el paraíso”. Porque eso era, según la versión bíblica, la naturaleza. Esto con la sola condición que no mordieran el fruto prohibido, simbolizado por una manzana.

Pero Adán y Eva pecaron y probaron el fruto aquel, algunos mal pensados dicen que Adán cayó rendido ante los encantos de Eva, ambos sólo vestidos con una hoja de parra, aunque esta versión es muy “romántica”.

Lo cierto es que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, no porque tuvieran un romance, sino porque adquirieron conciencia de su existencia y por lo tanto, se transformaron en seres humanos, y en ese momento dejaron de ser uno de los tantos animales que vivían insertos en el medio natural.

Este simbolismo esta magistralmente expresado en la ópera de Wolfang Amadeus Mozart, la Flauta Mágica, en que un personaje (Papagen), un hombre pájaro que se niega a abandonar el bosque donde vivía con su pareja (Papagena), en una relación “indisoluble con la naturaleza” y por ello renuncia a ser iniciado en la Logia Masónica, que representa la supremacía de la razón y el conocimiento.

Ambas metáforas sitúan al ser humano en el momento en que éste se aparta de la naturaleza y empieza a transformarla para poder vivir junto a ella y de acuerdo a las capacidades y competencias que su inteligencia le va otorgando. Este proceso de transformación de la naturaleza, es lo que científicos han denominado como el Antropoceno, y cuyo inicio algunos ubican en la primera revolución industrial. Esto se tradujo, con el tiempo, en daños irreversibles ocasionados por el consumo excesivo de recursos naturales.

De esto parecen haberse hecho cargo los convencionales cuando en el artículo primero declaran: “la igualdad sustantiva de los seres humanos y su relación indisoluble con la naturaleza.” Interpretar qué significa será tarea del futuro, porque evidentemente el ser humano, cada uno de nosotros, ha ido creando paulatinamente una naturaleza propia, cuya máxima expresión son las ciudades. Parte de esa naturaleza son las ciencias, la tecnología y la inteligencia artificial, así como toda creación humana. Por lo tanto, “la relación indisoluble con la naturaleza” no puede significar un regreso al paraíso, sino por el contrario, una relación equilibrada con éste. Adán y Eva se sitúan en este escenario, fuera del paraíso, mirando al futuro y estableciendo una relación equilibrada con él. Así se debe interpretar la norma constitucional “relación “indisoluble con la naturaleza”.

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