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Clases presenciales

Agencia Uno

El debate sobre el retorno a las clases presenciales es global. La Unesco dio a conocer un monitoreo realizado en 156 países que reveló que el 48,7% de las escuelas en estas naciones tienen clases presenciales, el 38,5% están parcialmente con un sistema bimodal y el 12,8% están cerradas y hay educación virtual.

Chile no es ajeno a esta discusión. El Ministerio de Educación ha promovido el retorno, aunque con poco éxito. En la Región, las clases presenciales se desarrollan en más de 300 unidades educativas, incluidas la de nivel parvulario. En básica y media, son 121 recintos municipales y 66 particulares subvencionados con actividad presencial, mientras que sin actividad hay 84 establecimientos municipales y 12 subvencionados.

Desde la Seremi de Educación ven la parte media llena del vaso, y es bueno que así sea. Colaborar a un clima de opinión pública favorable a las clases presenciales, aporta. Pero la realidad es que la asistencia, en general, es bastante baja y mucho tiene que ver en ello las dudas y temores de los padres. Hay evidencias que afirman que, aunque los niños desarrollan la enfermedad en formas más leves, son vectores de transmisión importantes. Además, muchos de ellos tienen enfermedades crónicas, o tienen en casa, familiares con factores de riesgo.

Por otra parte, es innegable que las finanzas de muchas instituciones, sobre todo particulares subvencionadas, han entrado en crisis debido a la caída vertical de sus ingresos. Lo mismo ha ocurrido con actividades económicas asociadas a este sector, como el transporte escolar, servicios de alimentación, las editoriales y otros rubros demandados por los estudiantes.

Pero la necesidad de clases presenciales no es solo económica. Se requieren clases presenciales por razones afectivas, emocionales, que son base para el aprendizaje. Aquí hay una imperiosa urgencia de volver a tener el contacto que se tenía antes. En el caso de la primera infancia ha sido difícil mantener la relación mediada a través de los medios digitales. En cuanto a los grupos de adolescentes necesitan de sus pares. La gran mayoría desea volver a clases. El problema no es si volver o no volver. El problema fundamental es una vuelta a clases de modo seguro.

Como recurso de emergencia, no cabe duda que la educación virtual sirvió para no perder el año lectivo y mantener un mínimo grado de rutina escolar para niños (as) y adolescentes, pero la dura verdad es que en todos los niveles, los y las estudiantes de la Región estuvieron por debajo de los aprendizajes esperados, según el reporte que entregó la semana pasada la Agencia de Calidad de la Educación.

Está visto que, de cara a lo que queda de 2021, hay muchos asuntos pendientes que urgen medidas más audaces para convencer a los padres de enviar a sus hijos al colegio. Sin ello, será imposible entrar con paso firme a una nueva normalidad, no impuesta, sino consensuada, con base en el diálogo y entendimiento entre todos los miembros de la comunidad educativa.

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