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Uso del agua

Ñuble es una de las tres regiones de Chile que destina proporcionalmente el mayor porcentaje de uso de agua para riego de todo el país, por lo que resulta altamente relevante analizar la eficiencia con la que se está manejando este recurso natural, ya que la relación entre su correcto uso y el rendimiento de los cultivos y la producción de alimentos está comprobada.

En ese sentido, la tecnificación, el aprovechamiento del agua, su reutilización en otras actividades, la educación y capacitación de los agricultores respecto de las nuevas modalidades de riego, permiten una mayor eficiencia y, por ende, un mayor cuidado. En esto se ha avanzado. El rol del sector privado, de pymes y consultoras, ha sido muy relevante.

De aquí al 2040, se proyecta una disminución de un 15% en las precipitaciones en la zona norte del país y de un 60% en la zona sur. Además, las temperaturas han ido aumentando y se proyecta que suban entre 2 y 5 grados hacia fines de este siglo, lo que provocará que el almacenaje de nieve, que es el verdadero embalse natural del país, vaya disminuyendo paulatinamente.

Bajo esta realidad, los últimos gobiernos delinearon un plan maestro de embalses que, independiente del cambio de signo político de las últimas administraciones, se mantuvo, dando cuenta de una visión de Estado sobre el tema. En la actual administración, en tanto, las primeras declaraciones del ministro de Agricultura dan cuenta de una mirada sensata respecto de la trascendencia de estas obras de riego, pero también de su factibilidad en un escenario de paulatino aumento del déficit hídrico, como también priorizar su impacto en la pequeña agricultura.

De todos los proyectos, el más avanzado es La Punilla, cuya segunda licitación internacional está en marcha y una decena de empresas interesadas de participar en su construcción. Zapallar y Chillán, en tanto, también han sido priorizados, han recibido recursos públicos para sus diferentes estudios y están casi listos para empezar a construirse. Igualmente, hay otras iniciativas que también podrían ser priorizadas en un futuro cercano. Allí se inscriben el embalse Lonquén, Changaral, Quilmo y Ránquil, todos en el secano.

Sin embargo, estas importantes inversiones pueden terminar no siendo lo realmente rentable desde el punto de vista social y económico si no van acompañadas de los otros factores asociados al manejo eficiente del recurso hídrico. Para lograrlo, se debe implementar una política que incentive su uso sustentable, basada en el manejo eficiente de las cuencas y que debe orientar a quienes planifican, ejecutan y fiscalizan las obras, como también a aquellos que las utilizan.

Promover la toma de conciencia a nivel de los usuarios directos es un esfuerzo educativo y comunicacional de largo plazo, pero muy necesario para, efectivamente, ofrecer algo mejor a las próximas generaciones y capitalizar el potencial agroalimentario de la Región de Ñuble.

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