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Una región que aún no despierta

Chillán es la capital de la Región de Ñuble. Fundada el 26 de junio de 1580 por Martín Ruiz de Gamboa en la ribera Norte del antiguo cauce del Río Chillán, ha tenido tres restauraciones en nuevos emplazamientos. La historia de Chile registra un importante rol estratégico.

En la época colonial el territorio se consolida como un eje articulador de las relaciones de los españoles con el pueblo Mapuche. También cumple un importante rol evangelizador y educativo. En 1697 se crea el Colegio de Naturales para la educación de los hijos de los caciques, que eran instruidos en lengua española, religión, filosofía y algunas nociones de derecho.

La época de bonanza viene de la mano de la actividad agrícola. A partir de la segunda mitad del siglo XIX se constituye en un territorio rico en producción de cereales. La actividad genera un vertiginoso crecimiento de las zonas urbanas. Empero, la actividad de servicios no tuvo la misma suerte. Hacia fines del siglo XIX, la incorporación de nuevas tierras productivas al sur de Chillán, dejó al territorio en un nivel de estancamiento crónico. De poco sirvió la reingeniería natural causada por el terremoto de enero de 1939, la reconstrucción mantuvo el déficit en infraestructura de servicios, manteniendo una baja capacidad para poder desarrollar el sistema económico y social que le permitiera consolidar una expansión demográfica y una dinámica urbana estable.

El 6 de septiembre de 2018 la comunidad de Chillán comienza a vivir su cuarta restauración. Esta vez en el ámbito político administrativo. La separación de Biobío le otorga una nueva oportunidad para acometer la tarea de acumular la infraestructura de servicios para sostener la actividad económica. Empero, nuevamente la ambigüedad que subyace sobre el proceso descentralizador del país han sido una barrera para iniciar el camino hacia la consolidación de Ñuble como centro articulador de la actividad agroindustrial del país.

Pero no es la única razón. La cartera de inversión pública regional que se consolida a partir de septiembre de 2018, es mezquina para acumular capital de servicios que requiere el desarrollo económico y productivo del territorio. En efecto, en la cartera de anteproyectos regionales de inversión ARI 2022, existe nula inversión pública en infraestructura de servicios. Los lineamientos y las decisiones de mayor incidencia para el desarrollo de la actividad agroindustrial, patrimonial y turística siguen radicada en oficinas administrativas de la Región Metropolitana. Es poco usual ver que potenciales inversionistas, en dichos sectores, instalen unidades de negocios en Chillán o que se interesen por arrendar Espacios Coworking en la capital regional.

En este sentido, parece oportuno recordar que el dilema del huevo o la gallina hace bastante tiempo que se ha resuelto. El despertar de Ñuble depende en gran medida de acciones del Estado de Chile para materializar inversiones que contribuyen a la acumulación de capital de servicios. Chillán Metropolitano necesita estar dotado de la infraestructura mínima necesaria para albergar órganos con la autonomía necesaria para la toma de decisiones, característica que le es propia a una capital agroindustrial de clase mundial. De esta manera, los inversionistas interesados en dicho sector económico, estarán interesados en aterrizar en Ñuble para concretar las oportunidades de negocios que Chile Agroalimentario ofrece al mundo.

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