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Proyecciones poco alentadoras

Cristian Cáceres

Distintos organismos, entidades y centros de investigación han venido publicando sus actualizaciones sobre las perspectivas económicas de Chile, América Latina y el resto del mundo para el 2023. La fotografía que describen estas proyecciones encienden las alarmas: la economía global transita hacia una desaceleración el año entrante, con una reducción moderada de la inflación.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) dibujó un escenario pesimistas para la economía chilena el próximo años. Si bien ajustó al alza sus pronósticos para 2022, ve una profunda caída en 2023 e, incluso, espera que Chile sea el único país de la región que anote un retroceso de un Producto Interno Bruto (PIB). Para este año, el FMI espera que la economía se expanda un 2% -sobre el 1,8% que estimó en julio-, mientras que para 2023 espera una caída de 1%, en circunstancias en que hace tres meses la entidad esperaba un crecimiento nulo.

A este pronóstico se suma al expuesto por el Banco Mundial, que también anticipó que Chile anotaría las cifras de crecimiento más bajas de América Latina.

Por otra parte, el FMI proyecta que el PIB de América Latina crecería 3,5% este años, mientras que en 2023 la expansión sería de 1,7%, inferior en tres décimas a lo esperado en julio, según reportó el más reciente informe “Perspectiva Económica Mundial”.

Por el lado de la inflación, el organismo con sede en Washington proyecta una tasa del 14,1% para este año y del 11,4% en 2023 en Latinoamérica y el Caribe. Específicamente para Chile, cuyo Índice de Precios al Consumidor (IPC) se ubicó en 13,7% en términos anuales en septiembre, la inflación terminaría el año en 11,4%.Mientras que el año que viene se ubicaría en 8,7% anual, todavía muy lejos de la meta de 3% con la que trabaja el Banco Central.

Este escenario requerirá, no solo del Gobierno sino también del sector privado, el mayor esfuerzo para trabajar conjuntamente a fin de que la economía chilena no se frene tanto en 2023. Cada punto del PIB que deja de crecer el país se traduce no solo en menor actividad productiva, menor generación de empleo y menor dinamismo en la inversión, sino que también golpea con dureza las arcas públicas vía recaudo de impuestos y menores recursos disponibles para el necesario gasto social.

Por esta razón es crucial que las autoridades económicas envíen poderosas señales para mitigar la actual incertidumbre de los empresarios y así seguir manteniendo la confianza en la senda de reactivación.

Teniendo en cuenta que la inflación y las altas tasas de interés podrían afectar el consumo como motor de la economía el año entrante, la misión tanto pública como privada gira en torno a que la economía no pierda tanto su ritmo.

Este 2022 va a cerrar con todo caro: dinero, canasta familiar, combustibles, servicios públicos, un portafolio de malas cosas que siembran un justificado temor por el rumbo de 2023.

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