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Poder del voto joven

Diario Concepción

Hay bastante coincidencia de que el proceso de cambios profundos que vive Chile se está realizando bajo condiciones de precariedad institucional, sin partidos ni organizaciones representativas fuertes, configurando un escenario político volátil, muy marcado por el “apoliticismo” y una muy baja participación electoral, sobre todo de los jóvenes.

Puede plantearse la duda sobre si éste es un modo de pensar y actuar actual o si está arraigado desde hace tiempo. En ese sentido, el material que aportan estudios y encuestas realizadas en el curso de tres lustros llegan a una triste conclusión: la baja participación electoral juvenil en Chile se debe a problemas de representación, a la desconfianza en el sistema político y a la falta de información.

Esta desvinculación, obviamente, empobrece la vida ciudadana y perjudica las mejores perspectivas de la democracia que, para ser efectiva, requiere participación y conciencia cívica.

Claro que la realidad es sumamente compleja como para intentar simplificarla a partir de los datos cuantitativos que arrojen las encuestas. En tal sentido, cabe recordar experiencias recientes, demostrativas del compromiso de los jóvenes con problemas sociales, como fue precisamente el estallido social de 2019 que activó el actual proceso constituyente, o antes, el acceso gratuito a la educación superior, sin contar las innumerables acciones solidarias que protagonizan.

Puede pensarse con fundamento que las actitudes de rechazo a la política expresadas por los nacidos de 1990 en adelante, o sea en democracia, son la consecuencia indeseable, pero lógica, de tantas decepciones producidas por distintos elencos y partidos políticos que hemos conocido en los últimos 30 años.

La rebeldía ha sido tradicionalmente un rasgo distintivo de la juventud. Pero tal vez una de las mejores formas de expresar esa rebeldía en la actualidad sería participar en la segunda vuelta de la elección presidencial.

La respuesta apropiada no es excluirse, sino intervenir con la convicción de que para avanzar en las transformaciones que Chile necesita, se requiere que la juventud se involucre en la política.

¿Qué sucedería si los jóvenes votaran masivamente en las elecciones de este domingo? No cabe duda que tres millones de jóvenes podrían inclinar claramente hacia uno u otro lado la balanza.

Qué gran expresión de madurez cívica sería reconocer, en primer lugar, el grado de corresponsabilidad que tienen los jóvenes. Dejar de mirar siempre al político como el único responsable de nuestros pesares y comprender que entre todos, viejos y jóvenes, hemos construido la sociedad -desigual e individualista- que hoy tenemos. Bueno o malo, es lo que hay, y es deber de todas y todos hacer el mejor esfuerzo por mejorarla. Votar este domingo sería un buen punto de partida.

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