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Otra mala herencia

Chillán perdió tiempo valioso en modernizar el manejo de la basura, básicamente porque nunca existió interés político por el tema, ni una situación compleja que lo pusiera en la agenda local, como han vivido otras comunas del país. De hecho, debió ser precisamente el tiempo en que no existían urgencias que resolver, la oportunidad para realizar análisis y propuestas de fórmulas para el largo plazo, pensando en el crecimiento que estaba registrando la ciudad e incorporando las nuevas tendencias mundiales en esta materia.

Aquella era la promesa del Plan Maestro de Residuos Domiciliarios (PMRS) de Chillán, implementado en 2012, en el segundo gobierno del exalcalde Zarzar, cuyos objetivos nunca se cumplieron.

El resultado es que 8 años después Chillán supera el promedio nacional de generación de basura per cápita, a lo que se agregan carencias en el tema del reciclaje, compostaje y selección de residuos, que si fueran bien tratados podrían bajar la cantidad de desechos que van al relleno sanitario de Chillán Viejo.

En la última década la generación de basura en Chillán pasó de 53 mil a 72 mil toneladas anuales. Tal curva de crecimiento, significa que la tasa per cápita pasó de 0,95 kilogramos de residuos por habitante a más de 1,1 kilogramos, superando a la región del Bío Bío y al promedio nacional.

En síntesis, estamos peor que antes, pese a que durante 8 años tuvimos una planificación que debía disminuir de manera importante la cantidad de residuos que se generaban en la ciudad, promover prácticas de reciclaje y tratar mediante compostaje el material orgánico que forma parte de la basura de los chillanejos.

Pero nada de ello ocurrió y lo que hoy tenemos es una amenazante deuda ambiental, motivada por la creciente densidad poblacional de la nueva capital regional y la falta de educación e incentivos para que la ciudadanía disminuya su producción de basura.

La realidad es que éste es un tema que no da votos y quizás eso explique que se haya actuado sin convicción y con presupuestos reducidos.

Ahora, más que buscar culpables, se espera que el nuevo gobierno comunal instale una visión superadora de lo realizado en los últimos años. Ello supone, además, enseñarles a las personas que la basura puede ser útil. Los desechos orgánicos, por ejemplo, pueden convertirse en abono mediante el procedimiento de compost, abono orgánico rico en nutrientes y que no demora más de dos meses en generarse. Esto no solo contribuye al medio ambiente, sino que es una oportunidad de negocios.

El posible uso energético es otra oportunidad en el manejo de residuos, ya que si bien es efectivo que se requiere una inversión inicial importante y una cantidad de desechos considerables para que sea rentable su producción, podría pensarse en establecer un sistema de incentivos para este tipo de nuevos estudios y negocios, donde una planificación de carácter asociativo resulta clave. Esta perspectiva permitiría el desarrollo de economías de escala, en los distintos ámbitos de la gestión de residuos, ampliando una solución eficiente desde el ámbito comunal al intercomunal.

La educación, el acuerdo público privado, la experiencia nacional e internacional y una gestión territorial inteligente son todos elementos a considerar en una planeación que si no es capaz de anticipar escenarios -como lamentablemente ocurrió en la última administración- se puede ver afectada seriamente la calidad de vida de las futuras generaciones.

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