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“O me vuelvo loco con el encierro o le saco provecho a todo esto”

Foto familiar

“O me vuelvo loco con el encierro, o hago algo positivo con él” fue la frase que el año pasado lanzó a los cuatro vientos el abogado, periodista y escritor, Washington Sandoval Gessler (95), quien actualmente está radicado en Viña del Mar. Escribe desde que tiene uso de razón, pero nunca se había atrevido a publicar sus escritos, hasta ahora, cuando la pandemia le dio la posibilidad de ordenar sus trabajos.

“Llevo cuatro libros ya publicados, a coste económico mío, pues las editoriales no reciben trabajos de escritores ‘sin patria’, o sea, sin agentes literarios. Mis libros se titulan ‘Maru, nuestro trabajo no ha terminado’ (lo estaba preparando para mandarlo a la imprenta cuando ella falleció y siempre me oía o leía mis trabajos); el segundo ‘El burro Meregildo y la cuestión social’, que tiene la particularidad que todo está escrito con rimas, para lo cual hice lo de Nicanor Parra con sus antipoemas e inventé mis ‘crónicas rimadas’, por el pudor de creerme poeta; el tercero se titula ‘Tus locuras me hacen reír’, que era la frase que mi Maru me decía cuando yo le leía mis locuras. Y el cuarto, aparecido recién la semana pasada, titulado ‘La mosca de los ojos pintados y piernas largas’ que es el primer cuento que va en este libro, que está integrado por una selección de 34 cuentos de mi autoría”, enumera.

Y a pesar que estos meses no han sido fáciles por el encierro y las cuarentenas, el escritor se toma con humor lo vivido. “Por la pandemia llevo 15 meses encerrado, ahora último estoy saliendo una vez a la semana, con todas las precauciones y recibo sólo la visita de una de mis hijas y sus dos hijitas. Salgo tomado del brazo de una de mis hijas, acompañado también por su marido. Tengo bastón, pero no lo uso para que en la calle no me griten: ‘Ahí va el viejo del bastón’”, dice entre risas.

Washington nació en Chillán el 11 de abril de 1926, estudió en la Escuela Superior 1 de Chillán y posteriormente en el Liceo de Hombres, en donde fue compañero de curso de José Tohá. Más tarde, estudió Derecho en la Universidad de Chile y se casó con María Mercedes Garay, con quien tuvo cinco hijas. “Mi padre fue Germán Sandoval Sepúlveda, que fue alcalde de Chillán desde el 25 de enero de 1939 (desde la madrugada del día del terremoto de Chillán) por 4 períodos seguidos; mi madre Bertha Gessler de Sandoval, fue profesora y cofundadora de la Cruz Roja de Chillán; fuimos ocho hermanos, hoy quedamos sólo 4 sobrevivientes, o sea mi partido con la vida está 4×4, me tocaría a mi hacer el desempate, pero ¡ni pienso! tengo mucho que escribir aún; tengo 10 nietos y 10 bisnietos y un bisnieto ya en condiciones de procrear su propio hijo, lo que me haría tatarabuelo”, enfatiza.

¿Desde cuando escribe?

Empecé a escribir entre los 9 a 10 años, en un cuaderno clandestino que escondía bajo mi colchón, que sólo lo dí a conocer cuando a mi madre la llamaron de la escuela para reclamarle que los mayores de la casa no debían hacerle sus tareas de composición al niño. Y seguí escribiendo. Mi primer cuento fue el resultado de una tarea impuesta por mi profesora de 4ta. Preparatorias y lo mandé a “La Discusión”, cuyo director, don Alfonso Lagos Villar, lo hizo publicar en éste, su diario.

¿Cuándo publicó por primera vez?

Mi primer cuento fue “El billete” que fue publicado en “La Discusión”, cuando yo era alumno liceano, por recomendación de mi profesor de castellano, el querido y recordado maestro don Alfonso Poblete Cabezas. Lo publicó el director del diario, entonces el querido y recordado, don Alfonso Lagos Villar.

Además de las leyes, el periodismo también es su pasión…

Efectivamente. Por los años servidos en el periodismo, fui inscrito como periodista colegiado. En mis años mozos fui reportero de “El Mercurio” de Valparaíso, trabajé en redacción, y le hacía la editorial al director, que me daba el tema y yo la escribía. Desde entonces se me pegó ese aroma inconfundible de la tinta de imprenta, es como empezar a leer un libro recién publicado.

¿Qué recuerda de su infancia en Chillán?

Nuestra niñez y juventud no fue tan grata por razones políticas y religiosas, incluso fuimos víctimas de bulling y de una vereda a otra. Nuestros propios compañeros nos gritaban “canutos”, pues mis padres nos criaron en la religión evangélica presbiteriana, una excelente formación (le advierto), pero en esos tiempos tan lejanos así era el tema. También nos amargó nuestra juventud el hecho de que mi padre haya sido alcalde de Chillán durante tantos años. Los mayores les transmitían a nuestros compañeros de escuela o del liceo, incluso, esos resquemores, derivados de tantas veces ser reelegido. Harto se sacrificó mi pobre viejo, pero tuvo la virtud que jamás desvió a su bolsillo dineros municipales, algo tan visto años más adelante en otras ciudades del país. Finalmente si usted me preguntara ¿Y fueron felices en Chillán cuando eran niños y jóvenes?, desgraciadamente tendría que contestarle negativamente. Pero salimos adelante y hoy siempre confesamos hidalgamente nuestra condición de hijos de Chillán, un sello imborrable.

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