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Ni Gay nos convenció del valor de los árboles

Triste comprobar que la elite terrateniente de Chile no fue patriota. Convencieron al pueblo que para serlo, bastaba tomar vino y empanadas para los dieciochos y para las elecciones, donde de esa manera compraban los votos. Se llevó a los “rotos” a privatizar el suelo del salitre para ganancias de las grandes empresas y nadie defendió el suelo de los árboles, ese que estaba más cerca del corazón de Chile. Sin conciencia del valor inmenso de los árboles, no hay solución al desastre asociado al cambio climático. Históricamente su trascendencia se ha postergado en pos de beneficios económicos inmediatistas.

En 1839 tuvo que venir de Francia acaso el mayor sabio naturalista de la época para enseñarle al gobierno y a los chilenos algo que por cierto no aprendió, pero que desde hace milenios ya sabían las comunidades mapuche. Claudio Gay, así detallaba el beneficio de los árboles nativos para el país: “Este adorno majestuoso de los campos, estos conductores de frescura y fertilidad, son tan necesarios en la economía del mundo, que el hombre que estudia el arte de hacer felices a sus semejantes, no puede menos de fijar su atención [en ellos…

La falta de árboles trae consigo la sequedad y de sus resultas, la falta de vegetación inferior, la aridez, las enfermedades, la despoblación y la miseria. Considerados los árboles como vehículos de humedad, son de la mayor importancia en todos los países. Y una vasta extensión de terreno desnudo, produce una fuerte reverberación de los rayos solares. La acción de éstos se gradúa y llega ser más intensa a medida que el territorio se calcina y se despoja de los restos de humedad que conservaba

Los vapores no se fijan porque el calor reverberado los disuelve, y desde entonces la tierra solo ofrece la imagen de la muerte y la desolación. Por el contrario, cuando los árboles cubren el suelo, el calor solar disminuye por la refracción de una superficie variada y fresca. La atmósfera superior adquiere la densidad necesaria para congregar y fijar los vapores. Disuélvanse éstos en lluvias saludables que riegan el suelo fecundando Y aquel aprovechamiento de suelos con tanta riqueza de humus arbóreo, los latifundistas lo hicieron de un modo indirecto y cínico, pues sólo criticaban a los mineros y no a sí mismos, porque aquellos ya le habían hecho el trabajo sucio de despejarles grandes comarcas de la zona central. los gérmenes que encierra. La agricultura encuentra preparados todos los elementos para llegar al más alto grado de perfección. Los cuadrúpedos, sin los cuales toda perfección agrícola es una quimera, hallan pastos saludables. Los ríos conservan sus raudales y ofrecen riegos preciosos y medios de comunicación; y de aquí se origina una seria de bienes diametralmente opuestos a los males que acabamos de describir.”

Pero la misma pequeña elite de grandes hacendados que gobernaba el Estado, fue la primera en desoír estos beneficios de los árboles que el Informe científico de Gay les refrescara con didáctica elocuencia. Y se fue directo a cuidar sus intereses agroalimentarios (exportación de trigo) y exterminar los bosques nativos por las ventajas inmediatista de los suelos tan ricos. El negocio de exportación de gramíneas a California comienza a vivir décadas de un auge espectacular. Y aquel aprovechamiento de suelos con tanta riqueza de humus arbóreo, los latifundistas lo hicieron de un modo indirecto y cínico, pues sólo criticaban a los mineros y no a sí mismos, porque aquellos ya le habían hecho el trabajo sucio de despejarles grandes comarcas de la zona central –prácticamente desde Colchagua a Ñuble- para ahora usarlas en dichas plantaciones trigueras. Esa industria, ya antes también había desforestado todo el norte minero, Atacama y Coquimbo completos; el uso intensivo de la leña debía alimentar las calderas de las máquinas del mineral. La historia se repite casi exacta en Brasil, más de un siglo después.

En recientes décadas, en el Amazonas se destruyó una superficie de bosque húmedo equivalentes dos veces la superficie de Alemania. El 2011, el gobierno brasileño reformó el código forestal, bajo presión de los parlamentarios llamados “ruralistas”, los que defienden los intereses de la industria agroalimentaria. Este nuevo código, que limita fuertemente las zonas de conservación anuló todas las demandas judiciales ligadas a la desforestación que hoy se puede reanudar con más brío. ¿Nos suena conocida esta maniobra?

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