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Lo dulce y agraz del retiro de fondos de la AFP

Lo que fue planteado como una alternativa para ir en ayuda de un sector de la población que no percibe beneficio alguno del Estado, se ha transformado en un problema de seguridad nacional. La reacción del gobierno y de los grupos económicos han dado cuenta que, el retiro de los fondos de la AFP es un golpe que remece los cimientos del modelo económico de libre mercado que rige al país.

Para algunos, una exageración, para otros una “estocada casi mortal” al perfeccionamiento del sistema de AFP. Para el ciudadano común y corriente una discusión que poco entiende. Los fondos previsionales comenzaron a funcionar a partir del año 1980. Con un retorno real anual superior al 9% durante sus 40 años de funcionamiento, los defensores del sistema han confirmado que el modelo funciona. Con un fondo acumulado que equivale a un tercio del PIB anual de Chile, es una de las actividades económicas que presenta una fuerte incidencia en la actividad financiera, económica y de financiamiento del sector público. Este patrimonio, sin embargo, es el que presenta la mayor atomización en su propiedad. Son mas de 10 millones de chilenos y chilenas que están involucrados en los buenos y malos resultados de su administración.

Hoy día, son decenas de miles de los propietarios que han volcado su mirada a los fondos como una forma de resolver el apremiante estado que les ha impuesto la pandemia. Parece de sentido común echar mano a los ahorros frente a situaciones excepcionales ocasionadas por una catástrofe, sobre todo cuando el Estado ha mostrado indolencia frente a sus consecuencias. Sin embargo, muchos se han enterado de la imposibilidad de retirar sus bienes sin que ello signifique una pérdida cuantiosa en su patrimonio.

¿Pero cómo? ¿Si se supone que mis ahorros crecieron de forma sostenida? La respuesta de los expertos es que son inversiones de largo plazo que solo se pueden retirar una vez que llegue la etapa de jubilación. ¿Y si me enfermo grave o muero antes de esa fecha? Tranquilo, los fondos serán disfrutados por los herederos. Pero ¿y si tengo la suerte de una vida longeva? Bueno, en ese caso prepárese: junto a su larga vida, tendrá que acostumbrase a vivir con el 20% de lo que gana hoy día; no es mucho, pero al menos estará vivo.

Guardando por supuesto las diferencias lógicas, me imagino que frente a esta realidad muchos de los cotizantes han asimilado una sensación similar a lo que tuvieron que enfrentar las víctimas de las estafas piramidales. Es decir, ver con estupor que la riqueza que suponían les era propia se desvanece en el tiempo con una leve esperanza de recuperar lo invertido en el futuro y a pedazos. Para muchos de los cotizantes de los fondos de pensiones les pasa exactamente lo mismo. El ahorro acumulado por el esfuerzo de toda una vida es solo una ilusión. Están condenados a no poder disfrutar de sus beneficios en el presente y, cuando puedan retirarlos, lo harán en cuotas miserables que de poco y nada les servirá para terminar su vida con dignidad.

Es por ello que, independiente de la suerte que corra el proyecto de retiro en su tramitación legislativa, la reforma al sistema es necesaria y urgente.

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