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Informalidad laboral

La Región de Ñuble ostenta el tercer lugar nacional en materia de informalidad laboral, según el último boletín de Informalidad Laboral, elaborado con datos entregados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Según el estudio, un 37,3% de los ocupados no cuenta con contrato, superior al promedio país de 30.4%. Se trata principalmente de asalariados de los sectores silvoagropecuario, comercio y turismo y construcción, así como también en el empleo doméstico; además de los empleos por cuenta propia, donde la informalidad llega al 67,4%.

Un denominador común de los trabajadores informales es el bajo nivel educacional, pues de acuerdo a estudios realizados por el Observatorio Laboral de Ñuble, la tasa de informalidad llega al 62,5% entre quienes no completaron la enseñanza básica, mientras que entre aquellos que tienen enseñanza media completa, la tasa es de 26,5%; para descender a 18% entre los profesionales. Entre las conclusiones de los especialistas también se plantea que estos trabajadores, que no cuentan con acceso a cotizaciones de salud y previsión, exhiben ingresos 36% inferiores a quienes sí tienen contrato. 

Para enfrentar esta problemática, desde el Gobierno apuestan por mejorar la fiscalización, lo que supone cursar más multas a empleadores, pero también a educar sobre la importancia de la previsión, una política que no difiere mucho de lo obrado en administraciones anteriores, con los resultados ya conocidos.

Por ello es que abordar este problema requiere de medidas adicionales, que apunten precisamente a uno de los factores que más mencionan los empresarios: la reticencia de muchos trabajadores a firmar contratos por temor a perder los beneficios estatales para familias vulnerables, como subsidios y bonos.

Es por ello que una política integral que busque reducir la informalidad no puede basarse solo en la concientización y la amenaza de las multas, sino que debe explorar medidas innovadoras que permitan a miles de familias mejorar sus ingresos sin perder la protección social que brinda el Estado.

Y si bien ésta es una realidad que se repite en otras regiones, para Ñuble es imperativo abordar esta brecha que además de representar una inequidad, supone un freno para el crecimiento económico de las comunas.

En una región donde la tasa de pobreza es la segunda más alta del país y los ingresos están entre los más bajos, lo que se espera de las autoridades es una preocupación especial por reducir la tasa de informalidad laboral y mejorar los salarios, lo que se puede lograr con mayores tasas de inversión, pero también con políticas focalizadas, como la propuesta de los empresarios agrícolas, quienes han planteado la conveniencia de no quitar los beneficios sociales a los trabajadores de temporada. El futuro de Ñuble no se puede construir sobre la base de la precariedad laboral, la nueva región debe ser capaz de brindar oportunidades de educación y capacitación a sus habitantes, pero también de generar empleos dignos, pues el trabajo sigue siendo la principal herramienta para superar la pobreza y reducir las inequidades.

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