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Expectativas y realismo

Agencias

La victoria de Gabriel Boric debe ser interpretada como la concreción de una aspiración de cambio en el país. El candidato de Apruebo Dignidad encarnó ese anhelo mayoritario de la ciudadanía y lo transformó en un proyecto político lo suficientemente convincente para que más de 4,6 millones de personas votaran por él.

Boric ha propuesto fortalecer el papel del Estado en la economía, un alza de impuestos a los súper ricos para hacer frente a políticas sociales, cambiar el sistema de pensiones y reformar la salud, entre otras materias que serían prioritarias de su gobierno.

Sin embargo, al frente tiene uno de los problemas más delicados para el país, como representa la incertidumbre económica que ya muestra señales en la bolsa de valores y en los mercados. Generar confianzas con el sector privado es hoy de primera necesidad para el mandatario electo, y desde su equipo confirman que uno de sus principales focos será aplacar la preocupación en el mundo económico por los efectos de su agenda de reformas. El asunto es claro. Si los privados no se sienten incentivados para invertir, será difícil financiar las reformas sociales y generar crecimiento.

La crisis económica, que va a ser profunda el año que viene, tendrá que ser una prioridad para el Presidente electo y va a requerir el apoyo de todos los sectores políticos. Tiene que tener una visión de Estado, y para despejar los miedos tendrá que definir lo antes posible quién será su ministro o ministra de Hacienda.

Desde el punto de vista político, el diputado magallánico sería partidario de una política de alianzas para poder llevar adelante un programa transformador de largo plazo, y construir un pacto que le dé gobernabilidad. Eso implicaría extender las fronteras de la coalición original que lo llevó a La Moneda –compuesta por el Frente Amplio y el Partido Comunista-, abriéndose a la centroizquierda, que aparece como la bisagra en este momento, incluido el Congreso, donde la distribución de fuerzas está prácticamente empatada.

El éxito del nuevo gobierno dependerá en buena medida de que sepa responder a las expectativas que el electorado ha puesto en él, las que están marcadas por llevar a cabo las reformas y transformaciones que ha prometido en temas relevantes como salud, pensiones y distribución de la riqueza, donde claramente se necesitan nuevas ideas, dado el evidente agotamiento que hoy exhiben las políticas desplegadas en esas áreas, lo mismo que autoridades que las pongan en práctica y respecto de las cuales también hay expectativas de renovación. Es de esperar que no se repitan las caras latamente conocidas y la lógica del historial de militancia política al que nos tuvieron acostumbrados los gobiernos de la exConcertación y Chile Vamos para conformar el aparato público. “Vamos a incorporar a las personas más capacitadas”, dijo ayer Gabriel Boric.

Está claro que más de lo mismo sólo traerá decepción. Y la decepción en política significan frustración y malestar social.

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