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Expansión inmobiliaria

La mayoría de los actores locales, públicos y privados, coincide en que la puesta en marcha de la Región de Ñuble ha ejercido una positiva influencia en la recuperación del sector inmobiliario, principalmente por la vía de construcciones en altura.

En efecto, actualmente hay cerca de 800 departamentos en construcción o pronto a iniciarse en diversos sectores de la ciudad, incluyendo algunos que hasta hace algunos años tenían otra proyección de desarrollo, como el acceso norte de la capital regional.

La carencia de departamentos y el incremento poblacional son los dos factores que ya leyeron muy bien las empresas inmobiliarias y que pueden explicar este nuevo boom que tiene proyecciones auspiciosas, a decir de los mismos actores del rubro que apuestan por seguir creciendo en este segmento y adelantarse a la demanda futura.

Desde el punto de vista social, como de la inversión y el empleo, se trata de un hecho positivo, pero es necesario también considerar otras variables que tienen que ver con cómo congeniar este crecimiento y desarrollo inmobiliario con una infraestructura vial y urbana que no transforme el sueño de la vivienda propia en una pesadilla matutina al tener que salir y desplazarse entre tacos, calles angostas, falta de estacionamientos y ruido de bocinas.

El escenario es complejo, pues a los edificios antes mencionados deben agregarse al menos un millar de casas proyectadas por todos los puntos cardinales, con el consiguiente contingente de vehículos que presionarán las pocas vías existentes.

Chillán Viejo, en tanto, se ha transformado en una ciudad dormitorio y ha visto crecer en forma considerable las viviendas disponibles, sumando más de tres mil en la última década, lo que confirma la íntima relación que existe entre ambas comunas, pues muchos de los nuevos inquilinos de la ciudad histórica trabajan en la capital de Ñuble.

Y frente a una población que se proyecta a 250 mil personas en diez años, con un parque vehicular que sobrepasará los 70 mil automóviles en menos de cinco años, es indispensable que Chillán y Chillán Viejo, junto con tener ambiciosos proyectos viales que permitan solucionar problemas urgentes, definan con prontitud lineamientos claros en términos de planificación, gestión y fiscalización urbana. En tal sentido, la lentitud con que avanzan el Plan Regulador Intercomunal y el efecto que esto tiene sobre las adaptaciones que necesitan los planes reguladores de ambas comunas, resulta preocupante.

Los gobiernos de Chillán y Chillán Viejo deben superar el simple rol correctivo que los ha caracterizado y, al igual como muy bien hace el sector privado, anticiparse a la expansión habitacional mediante instrumentos normativos que permitan condicionar y guiar los proyectos conforme al desarrollo que se aspira para la ciudad.

Cómo hacer frente a este crecimiento poblacional y vehicular para que la calidad de vida no se deteriore y por el contrario, contribuya a mejorarla, es el gran desafío de la capital de la Región de Ñuble y la principal misión de quienes la gobiernan.

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