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Entre pijes y patipelados

La historia de Chile muestra cómo, la segregación social, fue el legado más profundo del Chile colonial. En la cúspide social estaba la aristocracia conformada por los españoles dueños de la tierra y sus descendientes nacidos en Chile. En el segundo lugar, estaban los españoles pobres y al final de cadena, los mestizos hijos de padres españoles no reconocidos y jóvenes indígenas, que eran un bien preciado por los conquistadores que en su mayoría eran hombres.

En la medida que se diluye la sangre española y se fortalece la identidad chilena, se enquista en la sociedad una estratificación social que generaría innumerables conflictos en el Chile post colonial, hasta nuestros días.

Bernardo O’Higgins es considerado el padre de la Patria e hijo ilustrísimo de la región de Ñuble. Su amor por Chile y su liderazgo fue el acicate que le permitió liderar militarmente la independencia de Chile y, con posterioridad, ser el primer Director Supremo de la Patria Vieja. Sin embargo, por su condición de hijo natural de Ambrosio O’Higgins, era resistido por la aristocracia de la época y la Iglesia Católica, lo que finalmente le pasó. Cansado de las presiones sobre su Gobierno y evitar una guerra civil, en 1823 dimite a su cargo y parte al exilió a Perú. Colmado de honores en el vecino país y degradado por su patria, muere en Lima el 24 de octubre de 1842.

A partir de 1880, la prosperidad de la oligarquía contrastaba con la pobreza y mala condición de vida por el descontrolado crecimiento urbano, generaba un ambiente poco amigable para la fuerza de trabajo que se incorporaba al incipiente desarrollo industrial. La desigualdad social y la incapacidad del Estado para hacer frente a los emergentes problemas, escalaron los conflictos sociales a niveles insospechados.

La guerra civil de 1891 quedó registrada como una de los más cruentos enfrentamientos entre pijes y “patipelados”. La plutocracia fue el bando ganador, representada en el Congreso Nacional y apoyada por el interés económico de Inglaterra en mantener la propiedad de las salitreras. El bando perdedor, estaba representado por el presidencialismo de Balmaceda, cuyo objetivo era capitalizar en un ambicioso plan de inversiones públicas, la riqueza generada por el salitre; en este escenario, el Estado se transformaba en el principal motor para el desarrollo económico y social del país.

La última de las batallas que registra la historia, culmina en septiembre de 1973, donde los pijes vuelven a imponerse ante los “patipelados”; esta vez, apoyados por el interés de Estados Unidos en sumar aliados para lograr el predominio en la guerra fría. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con los conflictos anteriores, la transformación del sistema económico y el acelerado desarrollo de las tecnologías de la información, generaron un progreso económico y social sin precedentes en el país.

El fenómeno permitió a los “patipelados” una mayor movilidad social. Lo que, sin embargo, no fue suficiente para modificar la añosa estructura jerárquica de la sociedad.

En la actualidad, la sociedad sigue imbuida en la segregación, donde pijes y “patipelados” se mantienen fiel a su historia de disputas, como ha sido la tónica en los más de 200 años de vida republicana.

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