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El trigo otra vez

Con 50% del cereal ya cosechado en la región de Ñuble, principalmente de secano, la preocupación cunde entre los productores porque claramente los números no son auspiciosos. La baja del dólar aparece como un factor no deseado y su influencia se explica en que Chile es un mero tomador de precios en el mercado mundial de granos, dado que más del 55% del trigo que se consume en el país es importado. De esta forma, al convertir a pesos el valor de referencia, que está expresado en dólares, el retorno está siendo mucho más bajo.

Nuevamente los trigueros están en apuros. Los precios que se están pagando en Chile son similares a los de enero de 2022, sin embargo, los costos esta temporada fueron 45% mayores en promedio, de hecho, en algunos insumos, como fertilizantes y herbicidas, los valores se duplicaron.

Con 50% del cereal ya cosechado en la región de Ñuble, principalmente de secano, la preocupación cunde entre los productores porque claramente los números no son auspiciosos. La baja del dólar aparece como un factor no deseado, puesto que solo unas semanas atrás, con un dólar más cercano a los $900, el precio del quintal no bajaba de los $35.000.

La explicación de la influencia del dólar es que Chile es un mero tomador de precios en el mercado mundial de granos, dado que más del 55% del trigo que se consume en el país es importado. De esta forma, al convertir a pesos el valor de referencia o el Costo Alternativo de Importación (CAI), que está expresado en dólares, el retorno es más bajo.

Además, los productores sospechan colusión o abuso de posición dominante en la molinería, lo que en el actual contexto no sería inconcebible -es un mercado con pocos compradores, lo que puede ser tierra fértil para la concertación- aunque la respuesta más lógica parece ser la acción de algunos líderes con afán especulativo, que han sido imitada por el mercado, generando esta distorsión de precios. No hay otra forma de explicar que dos meses atrás el quintal de trigo se pagaba a más de $50 mil y hoy no supere los $34 mil.

Por último, y como ocurre todos los años, los trigueros acusan a los molinos de especular con el precio, importando trigo barato, que es subsidiado y de menor calidad, para presionar a los productores a venderles al precio que ellos determinan en el breve periodo que dura la cosecha.

En efecto, el apremio del tiempo de los pequeños y medianos trigueros, sin mayor capacidad de almacenaje y conservación, y con obligaciones por cubrir, los presiona a vender pronto o bien guardar lo que se pueda y aguantar lo más posible hasta que suban los precios. Los poderes compradores, en tanto, que bien pueden seguir la tendencia que marca el líder, ofrecerán barato y comprarán en el exterior para especular. Al final de la cadena, los panificadores también tienen un rol en la demanda, y también sufren las consecuencias de la especulación, pagando un sobreprecio que finalmente en absorbido por los consumidores.

Es posible que se trate de una situación transitoria, sin embargo, la alarma de los productores debe ser atendida, no solo para esta temporada, sino que como un llamado a la autocrítica por parte de las instituciones del Estado, a evaluar el rol que se le asignará a los cultivos tradicionales en el contexto de los desafíos agroalimentarios que tiene el país.

¿Existe la voluntad por utilizar los mecanismos y la institucionalidad para proteger a este sector?

No se trata de implementar una política proteccionista, ni de intervenir el precio de la divisa para favorecer a un sector, pero sí de ser consecuentes y potenciar un sector estratégico para la seguridad alimentaria del país.

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