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Dispara usted o disparo yo

La dolorosa muerte de un joven Carabinero en la comuna de Chillán Viejo a manos de un delincuente juvenil que también fue abatido, y tres días después de una niña de 13 años también baleada en un incidente asociado al tráfico de drogas, nos han impactado profundamente y se suman a una larga y extenuante saga de hechos violentos, homicidios y diversos delitos graves en nuestra región.

Tanto en el caso del crimen del joven policía de la comisaría de Huambali como de la niña de 13 años, así como en otros hechos delictuales emerge un factor común, como es el uso indiscriminado de armas de fuego, lo que tiene como telón de fondo la oscura sombra del narcotráfico y consumo de drogas.

Las armas en el Chile de hoy no solo están en manos de quienes por ley le corresponde portarlas, sino que también en manos de los delincuentes y de civiles como fue el caso del barrio Meiggs en la capital, donde supuestamente para defender sus tiendas arremetieron contra civiles desarmados.

Esto transforma la situación en un bomba de tiempo, que si explota tendrá efecto devastador, propios de una bomba racimo. Es lo que ocurre en otros países latinoamericanos. Por ello, la tarea prioritaria es evitar que está situación siga escalando y en ese sentido cobran particular valor las palabras del Gobernador Regional, quien ha dicho en relación a la violencia y la delincuencia que “tenemos una deuda como sociedad donde cada uno de nosotros puede ser un aporte”, así como el llamado del Presidente Boric a lograr un acuerdo nacional y transversal respecto al tema de la violencia y la delincuencia.

Ambas visiones avanzan en la línea correcta, esto es despolitizar la discusión que se da en la actualidad, en la cual las recriminaciones de mano blanda por un lado o de culpar al sistema por otro o de suponer permanente doble intención de la policía o de los civiles, lo único que logra es entrampar la búsqueda de soluciones que la ciudadanía reclama con urgencia. Por ello, parece indispensable consensuar una política y una estrategia común frente al tema de la delincuencia, la droga y de todas las formas de violencia.

Esta estrategia debe incorporar necesariamente a la sociedad civil porque la violencia y la delincuencia tal como lo han definido nuestras autoridades es un problema que nos involucra transversalmente, y las principales víctimas siempre son ciudadanos inocentes que necesitan amparo de las autoridades y del estado, estas a su vez necesitan volver a confiar en ellas y en las instituciones.

Para que ello sea posible se requiere de un gran acuerdo nacional, tal como se ha planteado, no hay otra opción si se quiere garantizar la paz social.

Debemos tener claridad frente a ello más allá de disquisiciones ideológicas o sociológicas, los ciudadanos son las víctimas y no los delincuentes. Si no hay claridad al respecto vamos a terminar frente a la disyuntiva del viejo oeste americano: “dispara usted o disparo yo”. Ese es el escenario que entre todos debemos evitar.

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