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Disminución de nieve amenaza temporada de riego en Ñuble

Un escenario crítico se vislumbra para esta temporada de riego en Ñuble dado el déficit de precipitaciones de 47,6%, y más relevante aún, el déficit de la cobertura nival, lo que ha llevado a expertos a hablar de una hipersequía.

Según el meteorólogo Gianfranco Marcone, en Ñuble el déficit de cobertura de nieve en la cordillera se ubica entre 45% y 55% respecto al promedio histórico de los últimos 30 años, números que tienen muy preocupados a los agricultores. Una peor situación enfrentan las regiones de la zona central, donde el déficit llega a 90%-100% y está creciendo la inquietud por el suministro de agua potable en Santiago.

Las altas temperaturas han jugado un rol clave, de hecho, el mes pasado fue el julio más caluroso de los últimos 72 años en la zona central, lo que queda en evidencia en la cordillera, donde literalmente se aguó la temporada de esquí en los distintos centros invernales.

Respecto a las causas, el meteorólogo reconoció que la ausencia de sistemas frontales y las altas temperaturas explican la escasez de nieve, lo que dijo, se puede atribuir a los efectos del cambio climático y también al fenómeno de La Niña.

“No ha nevado porque no ha habido sistemas frontales con cierta potencia para dejar precipitaciones, y además, hemos tenido temperaturas relativamente altas para la época”, señaló Marcone, quien explicó que esto último es clave para que las precipitaciones sean de nieve. “Primero tenemos que tener nubes, sistemas frontales, con días despejados es imposible que haya nieve, y segundo, hay que tener temperaturas relativamente bajas, para que, si hay un potencial de que pueda nevar en cordillera, nieve en un rango de altura significativo, es decir, desde 1.500 metros hacia arriba y no solo desde los 3 mil o 4 mil metros hacia arriba, porque obviamente vamos a tener menos superficie de nieve”.

De esta manera, estimó que es muy probable que se mantenga esta condición durante el resto del invierno. “Al menos, hasta mitad de agosto no se estima que lleguen precipitaciones al norte de la Araucanía, quizás Biobío, pero más al norte es muy difícil, por lo tanto, todo indica que tampoco podríamos tener nieve. De esta manera, se puede esperar que las cifras del año estén bajo lo normal, prácticamente empatando con 2019, que es el año más bajo de la historia”.

Variabilidad climática

Al respecto, el hidrólogo Dr. José Luis Arumí, académico de la Facultad de Ingeniería Agrícola de la Universidad de Concepción, comentó en el programa Sala de Prensa, de Radio La Discusión, que “inicialmente, uno se explicaba esto con La Niña-El Niño, después empezamos a explicarlo con la Oscilación Decadal del Pacífico, todo eso se llama variabilidad climática, pero también hay una componente de cambio climático. Ya la verdad, ha sido bien difícil ver este proceso. Cuando yo estudiaba en los años ochenta, las sequías duraban 2-3 años, pero desde el 2007 que estamos en sequía, un par de años estuvieron cercanos al promedio, pero no hemos tenido ningún año húmedo desde las inundaciones de 2006, entonces, estamos acercándonos a 15 años secos, lo cual es una cosa terrible. Esto es una variabilidad temporal, que aún estamos tratando de explicarla, que se acentúa con el cambio climático, sobre todo, con el tema de las temperaturas que nos derriten la nieve, y hay que recordar que todavía la nieve es nuestro almacén importante de agua. Con el cambio climático, al aumentar las temperaturas, vemos que en este minuto no hay nieve en el Hotel Nevados de Chillán, junto a las canchas de esquí, es muy preocupante la situación”.

En cuanto al impacto de esta situación en la actividad agrícola de Ñuble, que a diferencia de otras regiones, no cuenta con embalses -salvo el Coihueco, de menor tamaño-, el experto afirmó que “lamentablemente, no tenemos embalses; a mí me gustan los ríos libres, pero la verdad es que nuestra región tiene una vocación productiva, tenemos una economía que depende de la agricultura, somos productores de alimentos, y la verdad es que nos complica la situación”.

Arumí, quien también es investigador principal del Centro de recursos hídricos para la agricultura y la minería (Crhiam), de la UdeC, reconoció “esta incerteza, no sabemos bien cuánto tiempo va a durar esta situación”.

Consultado por la necesidad de construir embalses para enfrentar la crisis hídrica, subrayó que “no hay una sola solución mágica, aquí tenemos que empezar a entender que el problema del agua tiene muchas caras y hay que tomar distintas soluciones de forma coordinada. Por un lado, la construcción de embalses de cabecera, que de alguna forma reemplacen la nieve; por otro lado, el manejo de las aguas subterráneas también es importante,

El académico valoró que al conformarse la junta del vigilancia del río Itata, todos los ríos de la región tendrán a sus regantes organizados y apuntó que el paso siguiente será la creación de una federación regional, “lo que es una buena noticia, porque vamos a tener la capacidad de que haya gente que tome acuerdos”, sin embargo, acotó que en Ñuble aún no existen comunidades de aguas subterráneas, “necesitamos avanzar en materia de organización y eso toma tiempo, ya que eso da la posibilidad de gestionar los acuíferos, hacer recargas y usarlos como embalses subterráneos, y eso es algo que en Ñuble no hemos utilizado y es una alternativa muy interesante”.

Arumí aclaró, no obstante, que “éstas son medidas de largo plazo. El problema que tenemos ahora es qué vamos a hacer este verano, y para ello es clave que empecemos a tomar conciencia. En mi casa, yo estoy levantando un área de pasto y voy a reemplazarlo por gravilla u otro material. Tenemos que pensar en una cultura del agua en condiciones de escasez”.

Regantes del Ñuble

Los agricultores están acostumbrados a lidiar con la incertidumbre, sin embargo, la hipersequía que se ha extendido por más de una década en la zona ha mermado su capacidad de producción y, a la luz de la información climática, no se sabe por cuánto tiempo más se extenderá.

Según datos de la Junta de Vigilancia del Río Ñuble a partir de información satelital, la cobertura nival en la cuenca aportante del río, alcanza apenas a los 562 km2 (medición del 22 de julio), lo que representa un 31% de la superficie total (1.810 km2). Y si se compara con el invierno del año pasado (medición del 27 de julio de 2020), se constata una disminución de 58%. En ese sentido, enfatizó que es uno de los mínimos históricos.

Salvador Salgado, gerente de la organización que agrupa a unos 5 mil regantes, sostuvo que si bien este número no considera la calidad o densidad de la nieve, es un indicador clave para programar la siembra de muchos cultivos.

El profesional advirtió que la situación obliga a ser conservadores en la superficie a sembrar, ya que, según explicó, de las 60 mil hectáreas que riega la red de canales de esta organización, en los últimos años, debido a la megasequía, sólo han podido regar un tercio, y para este año, ni siquiera se llegaría a ese tercio.

“Es una situación que nos tiene muy preocupados”, reconoció Salgado, quien también lamentó la escasez de información suficiente sobre disponibilidad de nieve en la zona cordillerana de Ñuble. “La región tiene un desarrollo muy incipiente en términos de monitoreo de cobertura y de cantidad de nieve, y esto es porque carece de instrumentación, de estaciones que permitan hacer una estimación o algún modelo que permita cuantificar cuánto de esa cobertura efectivamente es agua y cuándo se puede disponer de ella. En el caso de la Junta de Vigilancia del río Ñuble, hace un par de años estamos haciendo un esfuerzo, muy incipiente, que nos ha permitido empezar a estudiar algunos elementos, como la cobertura nival”.

Ello, porque según explicó, la disponibilidad de esa agua en forma de nieve también dependerá de otros elementos, como las temperaturas y el desplazamiento de la isoterma cero, es decir, la altura a partir de la cual se registran 0°C, y por tanto, el agua se congela. “En Ñuble tenemos una cordillera relativamente baja, con alturas máximas de 3.000 a 3.400 metros sobre el nivel del mal, y la isoterma cero se comienza a desplazar desde los 1.500 metros y comienza a subir, y en la medida que sube, se comienza a derretir la cobertura nival”.

El profesional añadió el dato de las precipitaciones: “la precipitación acumulada al 5 de agosto de 2020 era de 492 mm. según datos de la estación de la Dirección Meteorológica de Chile ubicada en el aeródromo Bernardo O’Higgins, mientras que al 5 de agosto de este año, teníamos acumulados 398 mm., en circunstancias que la precipitación normal a la fecha debiera ser 795 mm., o sea, tenemos un 47% de déficit. Si consideramos que a fines de enero hubo una tormenta, muy anómala, en la que precipitaron 60 mm. de agua, por lo tanto, si yo resto esos 60 mm. del acumulado anual, nuestro déficit aumenta de forma considerable”.

Por lo anterior, también lamentó la ausencia de obras de acumulación de agua en la región. “Nuestro embalse natural es la cordillera, pero es muy caprichoso, no se puede manejar”.

“La agricultura de Ñuble, en general, salvo algunas zonas de la cuenca del Diguillín, que cuenta con cierta seguridad gracias al Lago Laja, juega a la disposición de San Isidro, y en esa lógica, nuestros agricultores viven con incertidumbre año tras año, y se han ido adaptando en cuanto a la planificación de sus siembras”, sentenció el ingeniero, quien destacó que los agricultores, al no contar con obras de acumulación ni con información suficiente sobre la disponibilidad de agua, “no van a poder explotar el potencial de sus tierras”.

Consultado por los avances en materia de uso eficiente del agua por parte de los regantes, el gerente de la JVRÑ declaró que aún existe un largo camino por recorrer, aunque reconoció que se ha avanzado bastante en los últimos años en eficiencia tanto en distribución como en conducción, y a nivel intrapredial, en cuanto al riego tecnificado, donde hizo hincapié en que también se trata de una solución de largo plazo.

Regantes del Diguillín

Si bien los regantes del río Diguillín tienen el Canal Laja-Diguillín, que se alimenta en parte, del Lago Laja, lo que da mayor seguridad, los agricultores no están tranquilos por lo que se viene para este verano.

Francisco Saldías, juez de aguas de la Junta de vigilancia del río Diguillín, informó que “la zona de influencia de riego del río Diguillín (comunas de San Ignacio, El Carmen y Bulnes), según nuestros registros pluviométricos en el sector Las Quilas, de San Ignacio, el déficit de precipitaciones acumulado en el año bordea el 50% de un año normal; al de 30 de julio de 2021 habían caído 417 mm., mientras que el promedio de un año normal a la fecha es de 816 mm. En el mismo periodo, entre enero y julio de 2020 cayeron 653 mm., mientras que en 2019 cayeron 359 mm.”

Añadió que “se debe tener presente que a este año 2021, a los 417 mm. se les debe descontar los 96 mm. caídos excepcionalmente en la tormenta de fines de enero de 2021, con lo que disminuiría a 321 mm., confirmando lluvias inferiores a los últimos tres años y coincidiendo con informes de los especialistas, que por ahora estamos en uno de los tres inviernos más secos de los últimos 110 años”.

En cuanto al lago Laja, Saldías informó que actualmente “tiene un volumen de 896,20 millones de metros cúbicos, prácticamente igual al año 2020, en que tenía 893,02 millones de metros cúbicos. Su recuperación dependerá de los deshielos a través de sus afluentes, por cuanto en estos días, el aporte de aguas al lago es similar a las filtraciones naturales que salen del lago, impidiendo su recuperación real”.

Así las cosas, el dirigente de los regantes concluyó que “los pronósticos de los próximos meses son considerados por especialistas como ‘indefinidos’, por el constante cambio climático que superan los porcentajes de bajo lo normal o sobre lo normal, afectando las probabilidades”.

También comentó que de mantenerse esta situación, “incidirá en menores deshielos que afectan la recuperación del lago Laja y el caudal de las hoyas intermedias de los ríos Diguillín y Laja, cuyas fuentes de abastecimiento nos permiten disponer de aguas para distribuir a los canales del río Diguillín en la próxima temporada de riego”.

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