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Delirio indigenista

Señor Director:

En la Convención Constitucional se escuchan propuestas francamente delirantes. El indigenismo se ha convertido en la fuente nutricia para todas las necesidades nacionales, las reales y las más sofisticadas. Citando la idea en quechua, aimara y mapudungun se propone establecer el derecho al buen vivir, aspiración que estaría contenida en aquellas comunidades. En aquel idílico buen vivir no había electricidad, antibióticos, alcantarillado, agua potable, internet, zapatillas de marca ni celulares. Pero aquel buen vivir se añora frente al mal vivir que nos otorga el maldito capitalismo. En vez de mirar a la vanguardia del mundo miramos hacia el fondo de la historia cuando apenas se aprendía a caminar.

¿No sería bueno que ese buen vivir mirara el ejemplo de Finlandia, donde los profesionales mejor pagados son los profesores; a Canadá, donde nadie le falta el respeto a un policía; o a China, donde se enseña en las escuelas buenos modales para comportarse bien en la presentación personal, en la mesa, en la relación con los padres y mayores? 

Pero algo huele mal en una Convención donde los delirios superan lo imaginable. Si se otorga autonomía territorial al pequeño grupo aimara del altiplano y estos deciden entregarle mar a Bolivia, ¿estamos dispuestos a someternos a esa entrega de un territorio consagrado en un tratado internacional?

Ocuparse de puntos indígenas pendientes o necesarios está bien, pero como decía mi abuela, “es bueno el cilantro, pero no tanto”.

Alejandro Witker

Historiador

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