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Déficit de profesores y calidad docente

Las autoridades están proponiendo flexibilizar la exigencia de puntajes mínimos para ingresar a estudiar estudiar carreras de pedagogía. Con esta medida se busca incentivar una mayor postulación de potenciales educadores y acotar el creciente déficit de profesores que el país tendrá muy pronto.

Varios estudios han evidenciado que en algunos buenos sistemas educativos, quienes prosiguen estudios de pedagogía son jóvenes que logran un buen desempeño escolar y en las pruebas de acceso a la educación superior. A partir de esta evidencia el Estado decidió establecer un criterio gradual de exigencia que elevara las condiciones de entrada a las pedagogías. No obstante, para conseguir buenos futuros educadores esa medida no es la única. Hay otras medidas a mi juicio más fundamentales (que también pueden ser complementarias) como por ejemplo una que apunta al proceso formativo.

Me refiero a que la formación inicial docente junto con ser exigente respecto de la especialidad que se trate, debe incluir una metodología en que los alumnos desde el primer momento sean integrados a un plan de asesoramiento académico que les fortalezca en la dimensión humana involucrada en esta profesión. En todo lo que duren los estudios, el tópico longitudinal debería ser el de ‘persona’.

Hay experiencias de este tipo que pueden ser ilustrativas. Por ejemplo, José Luis González-Simancas ha tratado esta perspectiva desde la filosofía de la educación con base empírica. El académico e investigador español centró su actividad en la Universidad de Navarra y antes contó con la experiencia de haber enseñado y dirigido en el ámbito escolar vasco. Plantea que los futuros profesores reciban formación técnica de excelencia y al mismo tiempo se les ayude a crecer en la dimensión humana que les permita, cuando se desempeñen en colegios, ayudar con eficacia a niños y jóvenes en su desarrollo como personas.

En efecto, en “Claves en la formación de profesores” González-Simancas enfatiza que en su formación inicial, los estudiantes de pedagogía clarifiquen lo que significa ser persona: “sobre lo que es comportarse como una persona y sobre lo que nada tiene que ver con un comportamiento humano; sobre qué es actuar humanamente y cómo es posible ir deshumanizándose poco a poco, insensiblemente”. En segundo lugar, señala el académico, los profesores han de ocuparse de su propia persona y de su conducta: “si un profesor no comienza su formación por adquirir con nuestra ayuda el mejor conocimiento de sí mismo que le sea posible, pronto caerá en una actuación superficial, con el riesgo de convertirse en un simple fan de la última moda, del último grito psicológico o tecnológico del momento, quizá impuesto por la ley de turno, pero sin capacidad de discernimiento personal de lo que vale y de lo que no tiene valor en sí”.

En consecuencia, los alumnos que ingresen a estudios de pedagogía, independiente de sus puntajes, deberían tener un eficaz plan de formación (idealmente con tutores) que les impulse a que después, en el ejercicio de su profesión, puedan proyectar y poner en perspectiva el valor de la persona.

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