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Ciudad dividida

Para nadie es misterio el importante rol social, económico y estratégico que ha cumplido el tren en la historia de Chile, así como también,
la crisis que enfrentó a partir de los años setenta, como consecuencia de la masificación del automóvil, del uso de las carreteras, y el abandono por
parte de sucesivos gobiernos.

Pero lo anterior parece estar cambiando. A partir del próximo año el servicio de viajes en tren desde y hacia Santiago aumentaría en casi un triple, quedando la oferta diaria en seis recorridos de ida hasta la capital del país y seis de regreso a Chillán, según establece el programa del
actual Gobierno, que apunta al fortalecimiento del sistema ferroviario del país.

Desde la Secretaría Regional del Ministerio de Transporte y Telecomunicaciones han precisado que serán seis nuevos trenes de última generación los que se incorporarán al sistema, los cuales se encuentran en proceso de fabricación, a cargo del Consorcio chino CRRC Sifang. La inversión es de 115 millones de dólares, con 70 millones de dólares destinados a material rodante y el resto a la renovación y adaptación de la infraestructura de las estaciones y la red de vías.

La proyección es de 800 mil pasajeros al año (4 veces más que en 2019), y una reducción importante en el tiempo de viajes, con 3 horas y 40 minutos en el caso del servicio expreso, además de un metrotren Chillán-San Carlos y Chillán-Bulnes.

Precisamente, lo importante de este proyecto es que mejorará notoriamente la calidad de vida de cientos de miles de personas, al ofrecer conectividad, rebajando a la mitad el tiempo de viaje, aumentará la competitividad de los exportadores (al brindar un servicio de transporte de
carga más económico que el carretero) e indirectamente contribuirá a fomentar el turismo.

Sin embargo, hay que poner atención también sobre las externalidades negativas, que están asociadas al impacto sobre la trama urbana de un mayor movimiento de trenes en una ciudad que está literalmente partida en dos por la línea férrea.

Como respuesta, hay una iniciativa bastante avanzada, que corresponde a un paso bajo nivel en el cruce Lantaño. El proyecto técnicamente se encuentra cerrado y entró a su etapa de evaluación para poder finalmente financiar la ejecución de esta obra, cuyo costo alcanza aproximadamente
a los 13 mil millones de pesos.

El paso bajo nivel de Lantaño se encuentra pendiente desde 2007, desde la remodelación de la Avenida Martín Ruiz de Gamboa, pero no pudo ser ejecutado por la falta de un colector de aguas lluvias en Avenida Brasil, el cual hoy se encuentra construido y habilitado.

Sin duda, esta obra significará un avance importante ante la precariedad e improvisación que existe en la actualidad, pues mejorará los flujos de tránsito oriente-poniente, sin embargo está lejos de ser suficiente para ese fin, y desde la perspectiva de largo plazo no soluciona el tema de fondo,
que es tener una ciudad dividida por el ferrocarril. Para ello se requiere tener un debate sobre intervenciones mayores, como podrían ser el soterramiento de la línea férrea en toda su extensión por la ciudad, su traslado hacia el poniente, u otras que deben ser analizadas responsablemente por los diferentes actores públicos y privados que inciden en este asunto clave para el futuro de la capital de Ñuble.

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