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Bastante más que belleza urbana

Cristian Cáceres

Por diversas razones, desde la falta de recursos hasta las limitaciones por escasez de agua, las comunas de Ñuble exhiben una acentuada insuficiencia de plazas y parques. De acuerdo al Sistema Nacional de Información Municipal, el déficit de áreas verdes se extiende por todo el territorio regional.

En el caso de Chillán, la zona oriente es la más pobre en esta materia, con apenas 1 metro cuadrado por habitante. Le sigue la norte con 3 mts2/Hab y la sur con 3,5. Luego la zona centro con 3,25 y la más cercana a la cifra recomendada por la OMS (9,2 metros cuadrados por persona) es la zona poniente con 5,5.

Al observar la situación en el resto de la Región, el panorama es similar o incluso peor. Las comunas que presentan menor cantidad de áreas verdes por habitante son Coihueco, Yungay, Chillán Viejo y Coelemu, que no superan los 1,5 mts2/Hab. En tanto, la única comuna que sobrepasa la recomendación internacional es Ninhue (12,7 metros cuadrados por habitante) y las que más se acercan son San Carlos (7,8) Ránquil (6,8) y Cobquecura (6,2)

Una premisa básica que sustenta esta preocupación, reiteradamente manifestada desde estas páginas, es la necesidad de recuperar y acrecentar espacios verdes y libres, a fin de que los habitantes de las ciudades, independiente de su tamaño, puedan encontrar no solo desahogo y posibilidades accesibles para desarrollar actividades recreativas y deportivas, sino también espacios para la integración social.

Según un reciente estudio publicado en Chicago, las personas que viven en edificios o condominios que se encuentran rodeados de árboles y vegetación tienen menos posibilidades de ser víctimas de delitos. El verde, en resumen, reduce la delincuencia, ayuda a las personas a relajarse y a ser menos agresivas.

Otro estudio, de la Universidad de Exeter, en Inglaterra, afirma que vivir cerca de una zona verde produce una satisfacción mental sostenida en el tiempo, incluso mayor a conseguir un aumento de sueldo. Los autores del estudio dicen también que el tener áreas verdes disponibles ayuda a evitar problemas mentales como depresión, estrés laboral o ansiedad.

Por su parte, el Laboratorio de Paisaje y Salud Mental de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, demostró que los niños que juegan en áreas verdes tienen menos posibilidades de tener déficit atencional o ser hiperactivos, y que el estar cerca de árboles y plantas es una gran ayuda en el tratamiento de los niños que tienen estos problemas.

Como se ve, abundan argumentos para priorizar este tema en la agenda pública regional y crear condiciones favorables tales como una política urbana apropiada y exigencias mínimas de creación e instalación de áreas verdes a las empresas constructoras.

No se trata de una cuestión estética. Si las áreas verdes generan bienestar y felicidad, los 9,2 metros cuadrados recomendados por la Organización Mundial de la Salud tienen aún más sentido y los estudios que revelan el déficit de estos espacios en Ñuble dejan de ser sólo números y pasan a significar que tenemos amplios sectores de nuestra región donde las personas tienen menos derecho a ser felices.

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