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Voluntad de dialogar

El giro electoral del 15 y 16 de mayo no fue previsto por ninguna encuesta y analista. La derrota sin apelación del bloque oficialista y de la centroizquierda, y la incertidumbre que genera la irrupción de independientes que no responden a disciplinas de partido fue un mensaje por parte de la ciudadanía: los chilenos y las chilenas ya no confían mayoritariamente en lo que se considera la política tradicional, adscrita a dos bloques desde el regreso a la democracia, hace 30 años.

En efecto, los grandes triunfadores fueron los independientes, que lograron casi un tercio de los representantes, un total de 48. Los partidos tradicionales, por otra parte, fueron castigados: la centro-izquierda obtuvo apenas 25 escaños y la derecha solo 37 representantes, lo que la sitúa lejos del tercio necesario (situado en 52 escaños) para tener una influencia decisiva cuando llegue la hora de redactar la nueva Constitución.

La tendrán, en cambio, los independientes, un variopinto grupo que abre una nueva era en el espectro político y que de trabajar coordinadamente en la paritaria Convención Constituyente, podría cambiarle la cara a la arquitectura institucional del país.

Pero para que ello ocurra tendrán que hallar caminos y tender puentes que los lleven a entenderse entre ellos, y con otros sectores. No será una tarea fácil. Primero, porque implicará una disputa ideológica en muchos aspectos, y segundo porque para llegar a una sociedad más justa, equitativa y solidaria se requerirá que algunos renuncien a privilegios obtenidos en otras épocas.

El camino es el diálogo. Pero no solo entre los convencionales constituyentes, expertos y voceros de los partidos y movimientos políticos, sino que debe incorporar a los más genuinos y legítimos liderazgos de la ciudadanía. Un diálogo que además debemos extender a la cotidianidad, desde el sujeto colectivo que somos, en un escenario en el que podamos escucharnos, confiar y respetar la palabra del otro para construir acuerdos y resolver nuestros problemas.

Aprovechar realmente esta oportunidad de cambiar la Constitución en mucho dependerá de la capacidad de conversar; dice el diccionario que conversar viene del latín “conversari” que significa “dar vueltas en compañía”. En toda conversación hay una búsqueda de verdad, ya sea para encontrarla, para controvertirla, para ratificarla, incluso para crear una que nos ponga en sintonía y encuentro para creer juntos.

Configurar un horizonte común, más justo y humano, es posible si nos juntamos, porque juntos es mejor y rinde más, porque juntos nos sabemos apoyados, protegidos, y con la fortaleza necesaria para restablecer la debilitada confianza en las instituciones, siempre muy necesaria en todo el proceso que debe conducirnos a la redacción de la nueva Carta Fundamental que regirá el destino de los chilenos y chilenas.

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