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“Tras la pandemia estaremos agobiados y reinará por un tiempo la incertidumbre”

El psicólogo Gonzalo Rojas-May, ligado a la ciudad gracias a la figura de su padre (el poeta Gonzalo Rojas) acaba de lanzar una publicación que aborda las claves para entender el estallido social de octubre pasado. Se trata de “La revolución del malestar. Tiempos de precariedad psíquica y cívica”, de Ediciones El Mercurio.

El también lingüista y artista visual conversó con La Discusión y en esta entrevista no solo se refirió a la matriz de su libro, sino también a las implicancias y la conexión que el estallido del 18/O tiene ahora con la pandemia del Covid-19.

El libro indaga en las claves del malestar que provocó el estallido del 18 de octubre pasado. Muchas hablan de frustración ¿Podemos pensar que hay una generación de chilenos frustrados que ya no aguantó más?

El problema es más complejo que la crisis de una generación particular. El estallido responde a una confluencia de factores que, aunque con anterioridad habían actuado como vectores independientes, de pronto coinciden en un momento determinado y explotan. En octubre de 2019 chocan expectativas con frustraciones largamente acumuladas; ideologías desgastadas y el desprestigio de la política; dolores del crecimiento; la caída de las utopías; la rabia por las colusiones y abusos de diversas industrias; la incapacidad del Estado para modernizarse; la permanente promesa de llegar a ser un país desarrollado y el fracaso reiterado de alcanzar esa meta. Se trata, en definitiva, del colapso emocional y social de una ciudadanía dolida, desorientada y cansada. A ello hay que agregarle precariedad intelectual producto de la falta de educación cívica, “analfabetismo funcional” de una inmensa mayoría de chilenos, la pérdida de la noción de reciprocidad, la incapacidad de reflexionar con una visión de largo plazo y el tener como líderes políticos, en todo el espectro, a una de las generaciones más mediocres de los últimos cien años.

¿El fondo del estallido fue finalmente la demanda de una nueva Constitución?

La posibilidad de contar con una nueva Constitución es un salvavidas. Más allá de la necesidad práctica e histórica de contar con una Carta Magna que represente, idealmente, a la mayor parte de la ciudadanía y que haya nacido producto de un proceso democrático; la construcción y eventual promulgación de esta no garantiza que los grandes problemas y demandas podrán ser resueltos o satisfechos rápidamente. Necesariamente, junto con una eventual nueva Constitución, lo que urge, es una real modernización del Estado, fortalecer la institucionalidad democrática, educar cívica y políticamente a nuestra población; dejar de improvisar soluciones cortoplacistas, pensar Chile, contar no con una tregua o un pacto social, sino conformar un acuerdo nacional inclusivo y democrático.

¿Cuál es el papel de la política si el gran grueso de los que participaron en las protestas rechazaron colores políticos? Usted en su libro enumera a una gran fauna de demócratas.

Así es, el traje de “demócrata” se lo han puesto desde Pinochet a Castro y en el libro explico que, así como, históricamente, en Chile ha habido “católicos o cristianos a mi manera” hoy está plagado de “demócratas a mi manera”. No se trata de creer o no en la política; la política está en todas las actividades humanas, está en nuestras casas, en nuestras relaciones de pareja y de trabajo, está en las alianzas que hacemos para lograr grandes proyectos y está en la forma en que nos relacionamos con nuestros vecinos y grupos sociales a los que pertenecemos. El descrédito de la política está bien ganado por nuestros actuales líderes, pero la renuncia a la misma no es más que la evidencia de nuestra precariedad cívica y de la posición adolescente de nuestra ciudadanía, que, indistintamente, pide una figura parental (un Estado y un sistema político fuertes) cuando le conviene, pero adjura de ésta cuando se le imponen deberes, impuestos, límites o se le pide reciprocidad social.

Ahora, ¿La pandemia nos dio la razón respecto del 18/O?  

La pandemia está demostrando varias cosas; por una parte, que efectivamente éramos un país en la cornisa del desarrollo, pero que, en ningún caso, teníamos ya un pie en éste y, por otra parte, que las secuelas económicas y psicológicas del “estallido social” nos dejaron en una posición muy mermada para enfrentar lo que estamos viviendo. Usted me pregunta si la pandemia “nos dio la razón respecto al 18/O”, ¿quiénes son esos “nosotros” implícitos en su pregunta? ¿Los 19 millones de chilenos? ¿Los millones que salieron a las calles a manifestarse pacíficamente? ¿Esos miles que arrasaron con mobiliario público y privado, saquearon supermercados y tiendas de barrio, que quemaron Iglesias, instituciones educacionales y museos? El 18/O es un fenómeno muy complejo y variopinto, lo que nos obliga a ser muy rigurosos en nuestro análisis y, sobre todo, en el diseño de soluciones. Desde luego existe una molestia acumulada por años de postergación y frustración, también existen legítimas necesidades que deben ser enfrentadas lo antes posible, pero vincular rectilíneamente el “estallido social” con las reacciones producto del miedo y la precariedad económica generada por la pandemia puede ser un ejercicio reduccionista.

-¿Tras la pandemia estaremos más frustrados? ¿Podrían volver las revueltas con más fuerza?

Tras la pandemia seremos más pobres, estaremos agobiados y cansados; la incertidumbre reinará por un buen tiempo. Algunos “descubrirán” que el Chile que teníamos hasta el 17 de octubre de 2019, era profundamente imperfecto, pero que no era el peor de los mundos. Otros, verán potenciada su rabia y encono con los representantes del sistema político y económico imperante. Es muy posible, por lo tanto, que tendremos dos macro corrientes ciudadanas, una en una posición nostálgica y otra en abierta rebeldía y desesperanza. ¿Cuál triunfará?, inicialmente no lo tengo claro, pero creo y, sobre todo espero, que, a la larga, prime en nosotros la resiliencia que nuestra condición de país telúrico ha instalado en nuestra mente y corazones y que comprendamos de una vez por todas, que en Chile no sobra nadie. De los desafíos que tenemos o salimos todos juntos o nos ahogamos todos. Quiero ser optimista y confío en que habremos aprendido la lección de los errores y horrores que vivimos en el pasado.

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