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Tiempo de corregir

La emergencia sanitaria que completa 150 días es un buen motivo para mirar las enseñanzas que ha dejado la evolución de la pandemia de covid-19 en el país y en la región, con miras a reforzar lo bueno y modificar lo malo, debido a que el virus llegó para quedarse. Es la dura realidad.

Para empezar, como se trata de una pandemia, requiere una intervención integral de Estado que remonte los acostumbrados instrumentos diseñados para gestionar problemas sanitarios de menor dimensión. Es decir, es un reto que exige entender la complejidad del fenómeno desde un contexto sistémico alejado de los debates partidistas, ante los objetivos colectivos y las necesidades de una actuación convincente y compartida; elementos que en ocasiones han brillado por su ausencia en algunos niveles, en los que el manejo de la pandemia ha tomado una dimensión competitiva, lo cual ha terminado generando confusión entre la gente.

Un enfoque sistémico supone, primero, no caer en el error de pensar que solo los centros de salud y sus funcionarios (as) o los ventiladores mecánicos, podrán resolver la gran amenaza que representa el Covid-19. El Gobierno se equivocó al menospreciar el rol de la salud pública, como también las respuestas de la población.

A nivel local, las señales no son buenas. La ilusión de que hicimos las cosas bien porque tuvimos 24 días de cuarentena temprana que aplacó los primeros focos, y una seguidilla de semanas con tendencia a la baja, alentaron una falsa idea de control sobre la pandemia. Hoy en Ñuble tenemos una porfiada oscilación entre 350 y 400 casos activos, cifra que empata el peak de contagios que experimentamos en marzo pasado, cuando se implementaron la cuarentena y el cordón sanitario en Chillán.

La preocupación surge no solo tras constatar el aumento de casos activos, sino que sobre todo al observar comportamientos cotidianos de los chillanejos que ponen en riesgo a los desobedientes y a quienes pertenecen a su entorno. La gente pareciera olvidar que estamos ante un virus que no distingue capas sociales ni condiciones económicas. Cualquiera puede contagiar a cualquiera por la vía menos esperada.

En síntesis, 150 días de pandemia deberían llevar a impulsar un cambio de estrategia orientado a una mejor respuesta del Gobierno, que integre realmente a la Atención Primaria como eje central, pues ahí está el manejo territorial con la comunidad, donde en el caso de Ñuble se debe incorporar cientos de trazadores distribuidos en todas las comunas, dedicados a investigar, localizar, identificar y notificar los casos. Y en segundo lugar, una renovada planeación de la comunicación que fomente la prevención racional y dirima la ilógica polarización generada por la concepción de muerte ligada al virus y el negacionismo irresponsable sobre su existencia que vemos a diario.

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