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Receta mapuche para el coronavirus

En primer lugar, según la tradición mapuche, la persona se enferma por no practicar el trepelaymizuam, “la mente despierta”. Y así, con la guardia baja del sonámbulo, cualquier asunto externo -idea, emoción, rabia, bicho, virus, larva ambiental- la penetra y se instala a parasitar de su baja energía psíquica. El sujeto mal parado, abierto, fuera de sí mismo, viviendo a 10 centímetros de su cuerpo, identificado con sus problemas y pasiones, no habrá bicho que no se agarre. Todo mal –wekufe- es una entidad o un cuerpo extraño enquistado dentro, y que debe ser desalojado mediante resuelta y muy decidida expulsión. Por eso que el rito del machitún es prácticamente un tipo de exorcismo, de demostración empírica de poder. La machi recurre a la newen de arriba, al los ngen y espíritus superiores para corretear a esos bajos inquilinos. El mal debe ser expulsado con palabras de poder, con música de tambor (kultrún) para activar emocionalmente al corazón “apitigüado” (atemorizado) del paciente. Entonces, para lograrlo, recurre a todo lo que dispone de poder: vociferar con fuerza, baile, gritos, sudor de animal, sahumerio, y sobre todo a amargas plantas de poder. Estas vienen al final del rito, son auxiliares, pero muy eficaces en la prevención y en las primeras fases de la enfermedad.

Digamos al respecto que las mujeres mapuche y mestizas del campo chileno siempre han sabido que “para mejorarse, el mal debe reventar hacia fuera”. Y tres son los puntos clave de expulsión: la frente, el estómago (ombligo) y los pies. También –y en ese orden- son los tres puntos típicos de entrada del mal: los pensamientos (“palabras oídas que son como pus”), los alimentos y los “malos pasos” (conductas de todo tipo en contra del orden natural). ¿Cómo revienta el mal hacia fuera? No eliminando la fiebre sino canalizándola hacia una maduración de crisis; es decir a que el cuerpo sude de una buena vez. Y en ello es fundamental beber mucho suero de vinagre con agua y/o suero de miel diluido en agua. Pero lo más eficaz son las compresas (paños húmedos muy calientes) empapados de barro, de arcilla, vinagre y natri (natrüng). Como son tres puntos de expulsión, son también puntos para el cambio de energía, por lo que es preciso ir cambiando las compresas. 

Yo vi, en mi niñez coihuecana, cómo un hombre muy pobre decaía su salud inexorablemente. A causa de su delgadez y palidez extrema, todos decían que su muerte era cuestión de días. Tenía cáncer. Por eso a nadie extrañó que desapareciera. Además la gente se alejaba de él porque en los últimos días despedía un mal olor insoportable. Y yo pude ver la causa: a orillas de un camino lo vi colocándose pescado en descomposición entre la planta de sus pies y las ojotas, ese modesto calzado de los jornaleros del campo. “Hago esto –me dijo- porque el mal lo tengo que obligar a que se vaya pah abajo”. Décadas después comprendí la lógica de esa ley mapuche : “al mal, dale de su propia comida –fuñapue, “lo podrido”- para que no se cebe con lo sano”. El hombre triunfó en su estrategia de eliminar por los pies: se murió de viejo caminando por el pueblo.

Para acorazarse frente a pestes respiratorias como esta del coronavirus, la fórmula es simple: masticar maqui u hojas de maqui antes de dormir. O tomar de noche infusión de tres o una y media hoja de canelo (siempre número impar) con miel y limón. Y mucho té de natri o natrüng, amargo como el canelo, pero que es lo mejor para la fiebre. En el wallmapu antiguo se le llamaba “hierba del chavalongo”, es decir “para la calentura de la cabeza”. Tal como a gritos ya lo estaba pidiendo el país: con hierbas y cultura mapuche expulsar sus wekufes que le trastornaban su cabeza.

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