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Punto de inflexión

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1.372 casos notificados y 24 decesos son cifras lamentables, sin duda, pero dada la agresividad del nuevo coronavirus, que no da tregua en la capital, podría decirse –sin ningún triunfalismo– que el impacto de la pandemia en la región ha sido algo benévolo.

Las medidas tomadas desde el comienzo, como el cordón sanitario y la cuarentena que rigió entre marzo y abril permitieron ganar terreno valioso al virus para adaptar el sistema hospitalario y disminuir potencialmente su circulación entre la población.

Así lo confirmó un modelo epidemiológico que fue desarrollado por la Universidad de Concepción, que además de mostrar una relativa tendencia a la baja de casos de Covid-19 en Ñuble, confirma el positivo efecto que puede tener el confinamiento obligatorio. 

Pese a las incomodidades, las restricciones y el impacto social y económico que, sin duda, ha tenido, la compensación puede medirse, hasta ahora, en una baja tasa de mortalidad entre los casos confirmados, una ocupación de camas en cuidados intensivos que hoy muestra un 50% de disponibilidad y la posibilidad de ir flexibilizando la economía al tenor de unos arriesgados pasos que deben darse de manera segura.

Lamentablemente, hay que reconocer que ese escenario ha comenzado a cambiar en los últimos días y ser claros en decir que los casos están aumentando de modo significativo. Y, aunque ello podría explicarse en razón de que el virus circula entre una comunidad cada vez más expuesta por la apertura, se debe señalar que la pandemia sigue su curso y sus pronósticos aún son inciertos.

Basta ver, por ejemplo, la situación de algunas comunas como Bulnes, San Carlos, Coihueco y San Nicolás, en donde se han registrado focos de contagios y de continuar por esta senda vislumbrarían un horizonte muy complicado, y por eso merecen especial atención.

Y si bien el Gobierno ha sido claro en que cualquier decisión se debe tomar sobre la base de indicadores que hasta la fecha han dado margen de maniobra, el análisis de las propias autoridades regionales enciende las alarmas antes de que Ñuble tenga que echar pie atrás y retornar a un confinamiento obligatorio y general, con todas las implicaciones que conlleva.

Mantener lo ganado con la cuarentena y otras medidas tempranas que tuvimos, debe ser una tarea y un compromiso general. De todos depende que la situación no se desborde bajo una premisa innegable: la pandemia está lejos de terminar.

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