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Chillán produce anualmente 71 mil toneladas de basura, un 35% más que lo registrado hace 8 años, en que el volumen no superaba las 53 mil toneladas. Este ritmo de crecimiento denota un problema complejo, pues de mantenerse, en menos de 20 años el municipio deberá duplicar su gasto en dicha actividad. Cabe recordar que actualmente, el gobierno local gasta 2.760 millones de pesos al año por concepto de retiro y disposición de residuos domiciliarios.

Pero más allá de cuánto aumentará el costo de este servicio, conviene ir pensando cómo avanzar hacia un sistema de empleo de la basura, su reutilización, su uso para generar energía y otros beneficios alternativos que pueden obtenerse de su adecuado manejo.

El tema no es nuevo. De hecho, era la promesa del Plan Maestro de Residuos Domiciliarios (PMRS) de Chillán, implementado en 2012, cuyos resultados fueron bastante discretos. Incluso, el nuevo contrato suscrito este año excluyó esta materia, bajo el argumento de que su complejidad amenazaba con retrasar la licitación y complicar la operación de este importante servicio.

Sin embargo, al tomar tal decisión, el municipio se comprometió a desarrollar para 2020 una propuesta que podría marcar un cambio en un ámbito donde estamos atrasados frente a las nuevas tendencias de desarrollo urbano y ambiental.

La iniciativa no está completamente diseñada, pero resulta positivo constatar que se está trabajando en ella y que el punto de partida será un proyecto piloto para la producción de abono natural, a partir de residuos vegetales que serán recuperados desde la feria libre de la Plaza Sargento Aldea.

Posteriormente, se espera ir escalando, hasta alcanzar a toda la población de la capital regional. Y para ello será importante enseñarles a las personas que la basura puede ser útil y que es clave un cambio en los hábitos, partiendo por la selección de los desechos desde el hogar, ya que debe separarse la basura orgánica del resto de los desperdicios para ser sometida al procedimiento de conversión en abono orgánico.

El posible uso energético es otra oportunidad a futuro, ya que si bien es efectivo que se requiere una inversión inicial importante, el volumen de desechos generados por la ciudad ya hace factible y rentable un negocio de este tipo, que además tiene la virtud de permitir el desarrollo de economías de escala en los distintos ámbitos de la gestión de residuos.

Voluntad política de la autoridad, educación, acuerdo público-privado, aprender de la experiencia de otras ciudades y establecer incentivos para que los chillanejos reciclen sus desechos son todos elementos que el gobierno local debe tomar en cuenta para diseñar una planeación que no es para cuatro años, sino de largo plazo, para futuras generaciones que tendrán mayor conciencia ambiental y que no nos perdonarán no haber tenido la claridad de manejar la basura sin medir los impactos que ésta tiene.

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