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Pobre resultado

En nuestro país, en varias ciudades -la nuestra incluida- se ha decretado confinamiento obligatorio y luego se ha levantado de manera escalonada y progresiva. Cuarentena dinámica fue el nombre escogido por el exministro de Salud, Jaime Mañalich, para esta medida que buscaba atenuar paulatinamente el rigor del confinamiento y permitir que las actividades económicas se reactivaran. En nuestro caso, se cumplieron 80 días desde que se levantó la cuarentena y su efecto, en términos económicos y sanitarios ha sido decepcionante. La actividad no levanta cabeza y el número de contagios se incrementa. Lo había advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS): “eliminar el confinamiento demasiado deprisa puede producir un rebrote del covid-19”.

Hay que ser claros, los contagios están aumentando de modo significativo. Sesenta nuevos casos confirmados ayer en la región, que acumuló un total de 2.700 notificados con la enfermedad y 35 fallecidos, son antecedentes que refuerzan y le dan fundamento a quienes advierten sobre el costo enorme que tendría para Ñuble creer que las condiciones están dadas para bajar la guardia y pasar la página. Por el contrario, son números que invitan a reflexionar acerca de cómo se está asumiendo el reto de contener la pandemia, tanto en lo colectivo como en lo individual.

Proyecciones basadas en modelos matemáticos creados por investigadores de la Universidad de Concepción, muestran que la tendencia de contagios por coronavirus viene aumentando hace meses. Ñuble tuvo una mejoría al principio de la pandemia, entre el 15 de abril y el 15 mayo, debido a la cuarentena. Después de esa fecha comenzó el aumento de casos y no ha parado hasta ahora, pese a medidas como la restricción vehicular que se impuso para las comunas de Chillán, Chillán Viejo y San Carlos, justo en el que se supone es el momento más crítico del esfuerzo colectivo por evitar que la pandemia alcance dimensiones catastróficas.

Preocupa también que sean tantos los reportes de fiestas, pichangas y reuniones religiosas en las que el distanciamiento social brilla por su ausencia. Igualmente, observar que en establecimientos comerciales sean ignoradas o burladas las normas de bioseguridad.

Se trata de que cada ciudadano sea consciente de que sigue siendo real la posibilidad de contraer este coronavirus y transmitírselo a otros. De igual forma, urge entender que es una responsabilidad, consigo mismo y con todos los que nos rodean, y no un capricho del Gobierno, el uso de mascarilla, el distanciamiento físico y el lavado constante de manos, entre otras medidas básicas de prevención.

Para ser claros: las personas, pero también las empresas y las autoridades, entre muchas otras instancias, tienen que responder afirmativamente al llamado a la precaución. Además de seguir con las ya mencionadas pautas, este llamado debe estar presente en todas las decisiones que por estos días se tomen, colectivas o individuales. Es una variable absolutamente indescartable mientras dure la amenaza del covid-19, es decir, en tanto no contemos con una vacuna.

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