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Persistente desigualdad social y crisis democrática

El Informe Mundial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de 2019 nos habla de la persistencia de las desigualdades a nivel mundial. Las desigualdades en el desarrollo humano son tan profundas que si de dos niños nacidos en 2000, uno lo hace en un país con un alto desarrollo humano y el otro en un país con bajo desarrollo humano, el primero tiene más del 50% de posibilidades de estar inscrito en la educación superior cuando cumpla 20 años, en tanto que el segundo estará luchando por su sobrevivencia. Alrededor del 17% de los niños nacidos en países con bajo desarrollo humano habrán muerto antes de cumplir los 20 años, y solo el 3% ingresará a la educación superior.

Considerando esto, el éxito académico y profesional, poco tiene que ver con el mérito, una idea que el neoliberalismo ha tratado de instalar, atribuyendo al esfuerzo personal y la capacidad de resiliencia el poder hacer uso o no de las oportunidades que el entorno otorga, supuestamente, a todos. Lo cierto es que, salvo excepciones que sirven para sostener la falacia colectiva y el ego individual, el éxito o fracaso está casi completamente fuera del control individual de las personas, y sus caminos van a estar determinados por la estructura de oportunidades, siendo muy diferentes y desiguales, y muy probablemente irreversibles.

Esta es la razón por la que estudiantes de nivel secundario han hecho un llamado a terminar con la PSU, ya que lejos de ser un instrumento para medir conocimientos, es la coronación de un sistema de segregación basado en el mercado, y que determina el futuro de cada estudiante.

Como ejemplo, estudiantes egresados de Vitacura obtendrán como promedio de la PSU 623,3 puntos, mientras que en Chillán obtendrían 499,4 puntos. En la  R e gión de Ñuble los puntajes comunales varían desde los 528 a 399. Pero al interior de cada comuna las desigualdades se replican. En Chillán, un colegio particular pagado destaca con un promedio PSU de 644,6 puntos, mientras que el promedio regional es de apenas 494 puntos. La diferencia entre el colegio particular con mejor puntaje, y el municipal con mejor puntaje en la región es de más de 100 puntos. El resultado es que solo el 30% de quienes estudian en colegios municipales de Ñuble ingresará a una carrera universitaria, en contraste con el 79% de quienes salieron de establecimientos privados.

Así, la estructura de oportunidades desde el nacimiento hasta los 20 años se mantiene casi sin variaciones. Obviamente, la PSU no es el fondo del problema, es tan solo un mensajero que nos alerta de la desigualdad estructural. De acuerdo a sondeos realizados por el grupo de investigación en Ciudadanía y Equidad de la UBB, el 95% de las personas consultadas reconoce la desigualdad como la causa del estallido social que ha remecido a Chile desde octubre de 2019. Un estudio realizado con jóvenes universitarios en enero 2020 muestra que este grupo opina que éste sería uno de los principales limitantes de nuestra democracia.

Hoy vivimos un punto de inflexión histórico. Está en la voluntad colectiva la posibilidad de comenzar a corregir la desigualdad estructural de nuestro sistema. Es de esperar que usemos esta oportunidad para disminuir la brecha de oportunidades y fortalecer la democracia chilena.

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