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Para gritarlo con pasta de líder exclusivo

Felipe Venegas/Ñublense

Nicolás Astete sabía que le podía llegar la oportunidad. Había dicho, en plena pandemia, que cuando volviera el fútbol quería ganar minutos.

Por eso cuando el técnico Jaime García lo llamó en la banca para que saltara al campo de juego, lo hizo como si fuera un resorte.

Ñublense ejercía un dominio tibio, irregular y sin contundencia ante un San Marcos de Arica que hacía negocio en el Estadio CAP de Talcahuano, consiguiendo un empate sin goles que era un trofeo en el sur.

Sin embargo, a casi 10 minutos de su ingreso, Astete recibió un pase profundo de Mario Briceño, otro que había saltado desde la banca y se había perdido un mano a mano con el portero Nery Veloso, y sacó un zapatazo cruzado que derrotó al golero del “Santo”.

No había hinchas en el estadio CAP. Pero miles de ñublensinos pegados a la radio, se abrazaban emocionados en todo el mundo. Astete se sacaba la camiseta y lo gritaba con el alma desgarrada después de tanta postergación y sufrimiento.

El “Nico” timbraba un triunfo durísimo, complejo, luchado ante un rival que incluso pudo empatarlo con un zapatazo de Renato González, que casi le botó el horizontal a Rodrigo Odriozola.

Paciencia y golpe

Si hay algo que tiene este equipo de Jaime García es capacidad de lucha, convicción y ayer, especialmente, cultivó la paciencia. Porque tuvo pasajes de dominio, pero escasas llegadas. Se notaron los cinco meses sin fútbol competitivo, pero cuando no asomó la precisión, aparecieron las ganas de imponer con personalidad y buscar el momento preciso para meter el golpe de nocaut.

Arica apostó por agrupar gente en su campo, buscar la salida directa o adormecer el partido bajo la manija de Renato González. Ñublense circuló el balón con Iván Rozas y Mateos como aduaneros, pero en la ofensiva, Pérez, Escalante y Carvallo, que tras superar una fractura de peroné fue titular, no pudieron romper el cerrojo celeste.

Ortega intentó urdir alguna jugada con Escalante, pero una pierna ariqueña siempre aparecía en la zaga.

Jaime García sufrió como nunca el partido, con mascarilla en rostro, pidiéndole protagonismo a su equipo.

Los gritos en un estadio vacío surtieron efecto, porque si bien el Rojo no brilló, en el momento clave del duelo, encontró a un actor secundario con hambre de gloria cuando parecía que el elenco de Peña lograba el milagro en el CAP.

El gol de Astete encumbró a Ñublense en la punta del torneo con 12 unidades y ahora espera en el estadio de Talcahuano a Santiago Morning. Por eso había que gritarlo con el alma.

Con pasta de líder. Y para toda esa gente que sufre, pero abrazando esta alegría, congela por 90 minutos el dolor que ha causado esta pandemia

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