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Ollas comunes son un alivio para cesantes y adultos mayores de Chillán

“La necesidad está escondida. Este es un barrio, se ven casas antiguas de patios grandes, casas amplias y piensan que capaz somos pudientes, que no tenemos necesidades y ese es el gran problema de este sector, que no se nota”, afirma Mirta Morales, presidenta de la Junta de Vecinos Ultraestación.

Desde hace dos semanas en la capilla Balmaceda habilitaron un comedor solidario que funciona de lunes a viernes, en un principio atendería a 100 personas, pero hoy día ya superaron esa cantidad. Tras realizar varias gestiones lograron que la Municipalidad de Chillán aportara todo lo necesario para alimentar a los vecinos, en su mayoría adultos mayores que han sufrido los efectos de la pandemia.

“Los hogares se han visto afectados porque los hijos están llegando a las casas de sus padres porque ya no tienen para pagar arriendos, entonces tuvieron que volver a la casa de los papás, por eso se están aumentando las familias. Los sueldos de los viejitos no son buenos, por lo general ganan la pensión solidaria, son muy pocos los que ganan más, y entonces llegan los hijos a comer de los bolsillos de los papás, entonces se les está achicando el sueldo a los viejitos, se aumentan los gastos de luz, agua, todo, y se están notando mucho el asunto de la cesantía, lamenta la dirigenta.

Las ayudas sociales que realiza el municipio y el Gobierno Regional no llegaron a las puertas de casas de Ultraestación. “Las cajas del gobierno no llegaron, incluso de las cajas de municipio llegaron muy pocas porque había que inscribirse a través de los números que dio el municipio, pero nunca contestaban y a los abuelitos se le complicó contactarse. Ffue contadito con las manos las ayudas que llegaron”, lamenta Mirta.

En el sector Los Volcanes, en la parroquia el Buen Pastor, la olla común alimenta a más de 400 personas. Desde hace dos meses la ayuda está en manos del Ejército, el municipio, el párroco y vecinos.

Las familias están sin trabajo a raíz de la pandemia. Muchos de ellos ejercen como feriantes en el Persa San Rafael, actividad que se ha visto afectada desde hace varias semanas, luego que las autoridades solo permitieran la venta de productos de primera necesidad y abarrotes. Además prohibieron la instalación de vendedores informales en los alrededores de recinto para evitar posibles contagios por Covid-19.

“Hay mucha gente que está cesante y hay muchos adultos mayores que sacan solo su pensión, y en este tiempo gastan mucho más dinero porque compran la parafina, leña o el gas para la calefacción, entonces la platita se les  hace corta. Hay mucha gente que trabaja en el Persa, que trabajan en la construcción que no pueden salir, otros trabajan fuera de la región. La pega está mala y a todos nos falta platita, por eso estos almuerzos son una gran ayuda para ellos, no solamente se beneficia nuestro sector, también viene gente de otros sectores como Los Puelches, Santa Filomena e Irene Frei”, dice Cristina, presidenta de la Junta de Vecinos Los Volcanes 6,7 y Villa San Pablo.

En la parroquia El Buen Pastor también han acercado diferentes servicios para que las personas puedan realizar diversos trámites, como registrar o actualizar su ficha de protección del Registro Social de Hogares.

En tanto, en el sector Real Colonia de la población Vicente Pérez efectúan por tercera semana consecutiva un comedor solidario en beneficio de 60 personas, pero en los últimos días han llegado 80 vecinos necesitados.

Fernando Arias, presidente de la junta vecinal, explica que la municipalidad aportó los alimentos para 15 días, por lo que se han visto obligados a rendir los insumos hasta recibir una nueva dotación para continuar con la ayuda alimenticia.

“La gente está muy feliz con esta ayuda y todos orgullosos de poder ayudar porque esta pandemia nos ha afectado a todos”, dice.

Destaca que hay familias pobres y necesitadas. La mitad del sector recibió las cajas de mercadería prometidas por las autoridades regionales. “Estamos esperando respuesta de la Intendencia porque quedaron familias que no les llegó la cajita. La mitad de mi sector, de la Colonia Real hacia arriba entregaron cajas, pero de la Colonia hacia abajo, donde está más la pobreza, quedaron faltando como 200 hogares”, indica.

Fernando asegura que existen personas desempleadas desde antes del comienzo de la crisis, por lo que los almuerzos que reciben en la olla común son un alivio y un alimento que se garantiza de lunes a viernes, por ende esperan recibir prontamente una dotación de alimentos e insumos para continuar con la labor en beneficio de los vecinos.

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