[Editorial] Trabajo: ellas “la llevan”

Por: Fotografía: Mauricio Ulloa 2017-01-12

La creciente incorporación de la mujer al ámbito laboral comienza a influir de manera determinante en el contexto económico, al tener mayor acceso a bienes de consumo y medios de ahorro. En efecto, un análisis detallado a las finanzas femeninas revela que las mujeres, pese a ganar menos que los hombres -diferencia que en la última década se acentuó levemente-, manifiestan una marcada voluntad de ahorro y cumplimiento del pago de deudas. Las cifras indican que los hombres figuran en mayor porcentaje como deudores morosos y que la mayoría de los cotizantes voluntarios son mujeres. Similar es la situación respecto de las cuentas de ahorro para la vivienda, donde más del 60 por ciento de los titulares son mujeres.

La escolaridad y el mayor acceso a la educación superior -en las universidades, las mujeres son más de la mitad del estudiantado- han facilitado la inserción femenina al mundo laboral, pero todavía esta participación es escasa en cargos de toma de decisiones y comparativamente más baja que en otros países de similar desarrollo.
Frente a un progresivo aumento de las jefas de hogar, parece relevante contar con un mercado laboral flexible que facilite e incentive el ingreso de las mujeres. La experiencia internacional indica que políticas públicas orientadas a conciliar el trabajo con las responsabilidades familiares contribuyen a este proceso. Diversas empresas y organismos públicos son destacados periódicamente, tanto en Chile como en el mundo, por la aplicación de prácticas conducentes a integrar la vida familiar con el trabajo, entre las que sobresalen los permisos para cuidados de los hijos, la flexibilidad laboral y la promoción de la corresponsabilidad parental. 

Si bien la prolongación del período de posnatal ha favorecido a las madres, todavía estas enfrentan inconvenientes como la extensión de las jornadas, la escasez de oferta de trabajos de tiempo parcial y la dificultad para reinsertarse luego de períodos de crianza. Es habitual que las mujeres se vean en la necesidad de sacrificar su nivel de sueldo a cambio de mayor disponibilidad de tiempo para atender sus responsabilidades familiares.

En el caso de las mujeres de las zonas rurales, solo el 32% se dedica a desarrollar la actividad agrícola y la mayoría, el 62%, está ejerciendo actividades correspondientes al área de servicios. En la última versión de “Notas sobre trabajo rural”, estudio que cada año preparan organismos de la ONU con presencia en Chile, se constata “el no pago de vacaciones a el 81% de asalariadas; días por enfermedad a 36%; cotización previsional y de salud a 4,3%; y seguro de desempleo a 20,3%. Además al 50% no se le otorgó permiso por maternidad y 96,6% no tuvo acceso a servicios de guarderías infantiles”.

Ésta y otras evidencias confirman la necesidad de avanzar en la formalización del empleo y una definición clara de la figura del empleador, para lo cual, en algunos casos, se tendrá que realizar reformas en las legislaciones y en otros se requerirá mayor control y mejor aplicación de las normas que ya existen mediante la intervención de la inspección del trabajo.

Lamentablemente, en la reforma laboral que impulsó el Gobierno y que fue aprobada el año pasado, se desaprovechó la oportunidad de fortalecer aquellas condiciones que facilitan e incentivan el trabajo femenino, cuya contribución es determinante en el progreso del núcleo familiar e implica una influencia positiva, por su disposición al ahorro y al pago de sus obligaciones. 

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