[Editorial] Una jornada histórica

Por: 2017-01-11

Hay hitos en los procesos políticos que trascienden a su coyuntura y adquieren un sentido histórico que los une inevitablemente -por su carácter transformador- al futuro de las sociedades que los protagonizan. Lo que ocurrió ayer a las 20.20 horas con la aprobación de la Región de Ñuble en el Senado se inscribe en esa categoría, pues el contundente respaldo que recibió el proyecto (28 votos a favor, 2 en contra y 1 abstención) no solo refuerza sus argumentos y proyecta un justificado optimismo sobre lo que vendrá en la Cámara de Diputados, sino que también acrecienta la épica que genera identidad, convicción y cohesión social en torno a esta trascendental iniciativa.

Desde el punto de vista legislativo, hoy puede afirmarse que la tramitación y posterior aprobación en el Senado fue impecable. El proyecto fue analizado y discutido en detalle por las comisiones de Gobierno Interior y Hacienda, sin recibir grandes cambios, confirmando que se trata de una propuesta bien formulada, que contó con el oportuno apoyo del Ejecutivo a través de la suma urgencia que le puso en momentos clave. 

Paralelamente, el último año se ha producido un creciente respaldo ciudadano y tras las elecciones los alcaldes se han reconectado con el proyecto, energizando su capital social y político en momentos que algunos gremios penquistas han levantado un frente opositor que hasta ahora no ha ejercido gran influencia, pero que seguramente persistirá en su errada tesis del debilitamiento de la Región del Bío Bío. 

Pero en marzo este ajedrez renueva su juego y si bien se repetirán algunos movimientos y la iniciativa llegará respaldada por la amplia votación favorable de ayer, el proceso en la Cámara de Diputados tendrá algunas diferencias, asociadas a la cantidad de parlamentarios y su diversidad, lo que hará que el trabajo de alinearlos tenga un componente político muy acentuado, con foco en las diferentes bancadas y bloques. Por lo mismo, el rol articulador que deben cumplir nuestros diputados y otros referentes del mundo político local será de gran importancia.  

El llamado es, entonces, a no relajarse y a seguir avanzando en otras dimensiones que son igual de importantes, como el trabajo que internamente deben hacer las fuerzas vivas de Ñuble para configurar una hoja de ruta que le dé sentido a este cambio político-administrativo. 

Ñuble nunca ha tenido la oportunidad de repensarse a sí misma tras la división impuesta por el régimen militar y una dirigencia que ha sido durante muchos años esclava de una tendencia que la ha llevado a privilegiar las aspiraciones de corto plazo, muchas veces en pos del mantenimiento de cuotas de poder. Salvo raras excepciones, no ha habido mayores esfuerzos por buscar una visión de futuro compartida. De allí que también deba ser recibida con beneplácito la reciente reactivación de la mesa de trabajo que lidera la gobernación, y que debe ofrecer un espacio de debate que permita la calidad, la pluralidad y los enfoques multidisciplinarios que nos lleven a la elaboración de una visión de largo plazo para la futura Región. 

Si seguimos transitando este camino, promoviendo el diálogo serio y equilibrando el debate político y técnico, sin caprichos ni mezquindades, estaremos en condiciones de cerrar con éxito un capítulo de nuestra historia e inaugurar uno nuevo que nos permita soñar en grande, tal como lo hizo hace 20 años un pequeño comité de la sociedad civil que sembró la semilla del capital social, la identificación y mística que han sustentado el anhelo de la Región de Ñuble. Para ellos también nuestro reconocimiento en esta feliz hora. 

 

Comentarios