Colegios hostilizados

Por: Germán Gómez Veas 2018-07-07
Germán Gómez Veas
html head title/title /head body phtml head title/title /head body phtml head title/title /head body p style="text-align: justify;"Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial./p /body /html/p /body /html/p /body /html

Hace unas semanas el otrora emblemático liceo municipal de Santiago, Miguel Luis Amunátegui fue vilmente vulnerado por personas que destruyeron gran parte de sus instalaciones, situando un manto de temor en cuanto a que puedan afectar a la comunidad educativa con hechos aún más violentos.

Y hace solo unos días, otro establecimiento escolar de la misma comuna, sufrió un vejamen de igual o mayor impacto. En este último caso, un grupo de jóvenes destruyó la oficina del Director, a quien responsabilizan por intentar disponer medidas efectivas que permitan que los alumnos permanezcan en el colegio, entrando a sus clases una vez que han ingresado al establecimiento. Tal cual como lo lee: lo acusan por procurar que todos los alumnos reciban educación. Todo comenzó días antes, cuando el recién asumido como autoridad máxima del establecimiento, propuso medidas simples como pasar la asistencia en más de una ocasión para verificar que los alumnos que ingresan al liceo continúan en él durante toda la jornada cada día. Una medida que, si se quiere, parece muy simple. No obstante, en este caso resultaba estratégica para orientar un mejor clima escolar y asegurar de mejor forma, el proceso pedagógico de todos los alumnos.

A muchos de quienes hemos abrazado la misión de educar, las crueldad y frialdad con que se ha actuado en contra de estas comunidades escolares nos parece sorprendente, anormal, insólito, inaudito, y al mismo tiempo abusivas e inaceptables.

¿Cómo es posible que el disenso o las divergencias que enarbole un grupo de alumnos impulse un acto de imponente violencia?; ¿por qué la violencia de unos pocos termina por sitiar a toda una comunidad educativa que busca cumplir con su misión de ofrecer educación de calidad?; ¿quién le proporcionará a la dirección del colegio nuevas herramientas para garantizar un lugar seguro a todos los estudiantes son efectivas?

En lo que toca al sostenedor y representante legal de los liceos afectados, lo conocido hasta ahora da cierta esperanza y genera confianza en cuanto a que se busca restablecer el rumbo orgánico para fortalecer a toda la comunidad educativa. Ahora bien, llegados a este punto, es inevitable subrayar que la labor docente junto al trabajo responsable de los directivos requiere, en mi parecer, adicionar al menos dos componentes insustituibles para ser preventivos y disminuir riesgos de que casos como los descritos queden impunes. 

En primer lugar, es indispensable un apoyo más decidido, proactivo, y de efectivo acompañamiento por parte de los sostenedores, para que docentes y directivos tengan la posibilidad cierta de cumplir su misión de proveer un servicio educativo en un ambiente positivo, protegido y seguro que sea coherente con la dignidad de cada persona que forma parte de la comunidad escolar. De manera semejante, en segundo término, resulta evidente que los padres y apoderados  tendrían que brindar un apoyo más concreto y decidido en el objetivo de que los alumnos puedan participar en la formación escolar con una actitud de respeto, hospitalidad, y civismo, donde prime en cada acción, un claro sentido de responsabilidad.

 

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