2017: bendiciones y lecciones por asimilar

Por: Monseñor Carlos Pellegrin 2017-12-04
Monseñor Carlos Pellegrin
Obispo de Chillán

Entró a la S.V.D y desde 1978 hasta 1980 realizó estudios de Filosofía, como miembro de la Congregación del Verbo Divino, en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Entre los años 1981 y 1985 hizo estudios teológicos en el Instituto de Misiones de Londres, anexo de la Universidad de Lovaina.

El 25 de marzo de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI lo nombró Obispo de San Bartolomé de Chillán, para suceder a Monseñor Alberto Jara Franzoy que había presentado su renuncia por razones de edad.

Monseñor Carlos Pellegrin asume la Diócesis de Chillán a los 47 años, el sábado 29 de abril de 2006, con el deseo de servir a esta Iglesia Diocesana con todo el corazón, en el espíritu de Jesucristo nuestro Señor y fiel a las enseñanzas de la Santa Iglesia.
El Obispo de Chillán, monseñor Carlos Pellegrin Barrera el año 2007 fue electo presidente del Área de Educación y miembro de la Comisión Pastoral (COP) de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh). Asimismo, fue electo Presidente de la Organización Internacional de la Educación Católica (OIEC).

En medio de una agitada vida, para algunos aún no parece ser evidente que se nos va el año y que ha llegado el tiempo de balances y memoria agradecida, pues con frecuencia no leemos los signos de los tiempos ni reconocemos las múltiples bendiciones que se derraman sobre nosotros constantemente. 

Aunque las vitrinas navideñas, la compra de regalos y la planificación de comidas de fin de año parecen más temprano que tarde, tomarse toda nuestra atención, es primordial trascender aquello y promover en cada corazón la paz que nos comparte el Salvador. La diversidad siempre nos indicará que cada uno es único e irrepetible, con talentos propios, creados para aportar de manera singular al mundo. 

Vivimos estos últimos días del año en el contexto de un tiempo muy importante para Chile, pues estamos en un proceso eleccionario para elegir a quienes nos representarán en la administración de nuestra República, en la aprobación de las leyes y en la fiscalización de los actos de Gobierno. Todos, sin excepción, seremos responsables del Gobierno que nos daremos para los próximos años y del tipo de sociedad que deseamos promover y vivir. En una marca sobre el voto ejerceremos, en la segunda vuelta, una enorme responsabilidad moral en que nuestras conciencias individuales deben esforzarse por hacer un serio discernimiento de lo que ofrecen los candidatos. La responsabilidad cívica auténtica debería siempre traducirse en un cuidado especial para evitar el lenguaje descalificador, las ironías destructivas, la mentira, la manipulación, el abuso de poder e influencias, y la falta de transparencia. 

La forma en que celebremos la democracia, en las próximas elecciones, de alguna manera marcará también el ambiente que nos acompañará en la próxima visita del Papa Francisco. A casi un mes de su visita, agradecidos por la visita del sucesor de Pedro, deberíamos poner nuestra confianza de que su visita va a revitalizar la identidad cristiana de Chile. Con su estilo libre, transparente y claro, el Papa Francisco viene a compartir “la alegría del evangelio” en la cultura actual, de manera especial con los jóvenes.

Como el mensaje de la Navidad que se aproxima, el lema de la visita de Francisco es “Mi paz les doy”, con su característica preocupación preferente por los más pobres y excluidos, por los marginados de la familia y la sociedad. En un Chile marcado por las legítimas diferencias, el sucesor de Pedro nos llamará a reconocer el paso de Dios en nuestra historia patria y a reconocer todo lo bueno que nos ha dado y que debemos proteger y preservar. El Papa nos recordará lo importante que es cuidar el medio ambiente desde una ecología humana integral, promover la alegría del amor en familia, como el gran tesoro que debemos cuidar y cultivar.

El contexto de este fin de año, nos invita a aprovechar la oportunidad de volver a entender que el gran mensaje de Belén es, en primer lugar, un llamado a la alegría de saber que Dios se encarna para caminar con nosotros por la vida y que nos convoca cada día a cultivar la unidad aceptando agradecidos nuestra diversidad y diferencias.

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