Tremendos

Por: Rodrigo Oses 2017-10-09
Rodrigo Oses

En el deporte, cuando el talento se mezcla con la pasión y la disciplina, el sacrificio y la constancia, tarde o temprano llegan los triunfos.

Ñuble, en el último lustro, ha dictado cátedra de esta fusión con deportistas que deberían ser emblemas del esfuerzo y de la lucha diaria por un sueño.

En los Juegos Sudamericanos de la Juventud que se disputan en Santiago, tres hijos de esta provincia, ahora región, hicieron historia al colgarse una medalla compitiendo contra los mejores del continente.

El ciclista de 15 años, nativo de Quillón, Héctor Quintana,  obtuvo la medalla de oro en la prueba de contrarreloj y la de plata en la de persecución en pista, batiendo un récord que confirma su tremenda calidad como pedalero.

Pero su logro no solo fue fruto de su tremendo talento. Héctor sudó durante meses lágrimas de sangre con una preparación que constantemente lo llevó lejos de los suyos para optar a un mayor roce competitivo. Fue campeón de Chile en ruta y pista, entrenó en Calama, en Curicó y jamás claudicó apegado a la religión que forjó su fe.

La historia de Dylan Iturra, taekwondista que se colgó el oro, también sabe de esfuerzos desgarradores y viajes al extranjero para competir, con un incansable esfuerzo de su padre para financiar esas expediciones. Nunca bajó los brazos en el tatami,  donde fue capaz de combinar golpes certeros para superar a sus rivales cuando parecía perdido. 

Y la atleta Catalina Irribarra, ganadora del bronce en el lanzamiento de la jabalina, confirmó que tiene un auspicioso futuro en el atletismo merced a una técnica trabajada con disciplina en un verdadero semillero de campeonas como es el equipo de lanzadoras del Colegio Padre Hurtado. Sus pretemporadas en el extranjero, su alto roce competitivo nacional e internacional, se conjugaron con su madurez y fortaleza para darle otra medalla a Chile. 

Tres baluartes del deporte local que son ejemplo vivo del espíritu de superación que debería reinar en el ñublensino.

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