La huella de “cerebro”

Por: Rodrigo Oses 2017-06-19
Rodrigo Oses

Silencioso, imperceptible, criterioso e introvertido. Así era Mauricio Villanueva fuera de la cancha.

Incansable, gravitante, protagonista y colectivo, así era dentro de ella.

“Cerebro”, como lo apodé por su inquieta creatividad ofensiva y defensiva en Ñublense, durante los años 2005-2006, fue siempre el jugador distinto del plantel. Una mezcla de guerrero silencioso con un volcán pasivo en vías de erupción.

Por su juego y caballerosidad dejó huella. Futbolista cristiano que transmitió siempre valores como el compañerismo, la lealtad, la empatía, el trabajo en equipo y el espíritu de lucha.

Su sello quedó grabado a fuego en partidos inolvidables como el reestreno de Ñublense en Primera B de local ante Provincial Osorno en Chillán el 2005, donde marcó un golazo y fue la figura excluyente. Como aquel histórico penal que se fabricó ante San Felipe en el último minuto, para gatillar el gol de Néstor Zanatta que valió el ascenso a Primera el 2006 tras 26 años de frustraciones. Villanueva fue de esos jugadores queribles, añorables, respetables, que trabajó como hormiga siempre pensando en el equipo.

Por eso la hinchada de Ñublense lloró su trágica partida el pasado miércoles tras una decisión inentendible y dolorosa. Villanueva fue presa del olvido y no pudo prolongar su carrera en Ñublense el 2007. Desapareció del mapa futbolístico y transitó entre la alegría de ser padre, los negocios fallidos, la separación y la frustración del retiro tempranero del fútbol. Su traumática partida nos recordó que hay actores secundarios que pueden ser tan determinantes en una historia como aquellos que se arrogan el protagonismo por el solo hecho de hablar más. Villanueva siempre habló donde más importa. En la cancha. Vuela alto Mauro.

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