¡Viva la política!

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-06-09
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

Es posible que algunos lectores piensen que enloquecí, pues estoy proclamando parabienes a una de las actividades más desprestigiadas según parecen manifestar distintas encuestas entre lo que se llama ciudadanía. 

La política goza de un gran desprestigio, esta frase se ha transformado en un lugar común, junto a ello somos testigos de la oleada de insultos y descalificaciones en las llamadas redes sociales, muchos de ellos cargados de sorprendente odiosidad. Sobre este escenario se han levantado candidaturas que marcan la diferencia entre ser político y “no ser político”, otros pregonan la nueva política en contraste con la vieja política, planteando un escenario en blanco en negro, aprovechando como en el yudo esta oleada anti política en su favor. Allá los impuros, y acá, los puros y sin mancha, que aspiran a reconstruir la nueva ética de la república, despojando al poder a los viejos políticos del pasado, corruptos y aferrados al poder. 

Lo cierto es que después de ver el desfile de algunos de estos profetas por los medios de comunicación, quedo con serias dudas de que si esta oleada refundacional en la política chilena, tiene objetivamente las competencias para gobernar un país. Ojala las tuviera, pero me temo que no. 

¿A qué se debe esto? ¿Son incompetentes per se? No necesariamente y lo más probable es que en otras circunstancias, si sean competentes. Según Aristóteles, el hombre es un animal político, porque vive y se agrupa en la polis (la ciudad) y a diferencia de los animales se organiza en sociedad a través de relaciones complejas. Y la política es eso, es el arte de gobernar o gobernarse en sociedad, estableciendo reglas claras para todos los miembros de la polis. Por lo tanto, si hiciéramos una operación algebraica simple y nos quitamos el rótulo de políticos, quedaríamos reducidos a nuestra condición primigenia de animales. 

Por consecuencia seguir el juego al dictador Pinochet, cuando con voz socarrona apuntaba con el dedo y decía “los señores políticos”, no solo es inconducente sino que degrada al ser humano, dañando de paso la gobernanza del país, lo que puede ser pan para hoy y hambre para mañana. 

Por ello la importancia de reivindicar la política, pues garantiza la participación de los ciudadanos a través de la democracia representativa, la única capaz de mantener una relación equilibrada entre los ciudadanos y el poder central. 

Los políticos, a su vez, tienen la responsabilidad de liderar estos procesos; para eso se les elige, para que lideren, orienten y conduzcan a la sociedad organizada en la polis. Está de moda decir, “el programa lo hará la gente”, como si fuera una multitud la que entra a gobernar a La Moneda o a los ministerios. Los líderes deben escuchar a la gente por cierto, pero esperamos de ellos ideas, propuestas y puntos de vista para discutir y decidir. 

Si elegimos a alguien es para que gobierne honestamente y nos represente. En eso consiste la política, confundir a la política con los políticos puede constituir un grueso error, porque al final del día todos somos políticos, querámoslo o no. Y en buena hora, porque la democracia representativa, el sistema menos malo de las formas de gobierno según Churchill, se sustenta en ello. Seguir descalificándola, insultando a diestra y siniestra, nos puede convertir en lo que afirmaba Aristóteles, en un bárbaro con cuerpo de ser humano.

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