¡Cuidemos a los niños!

Por: Germán Gómez Veas 2019-01-10

Germán Gómez Veas
html head title/title /head body phtml head title/title /head body phtml head title/title /head body p style="text-align: justify;"Profesor Universitario y Consultor en materias de pedagogía, gestión educacional y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Docente en Filosofía; MA y Ph. D (c) por la Universidad de Navarra; y MBA por la Universidad Adolfo Ibáñez. Autor del texto ¿Qué es la ética? y numerosos artículos acerca de educación y ética empresarial./p p style="text-align: justify;"Actualmente se desempeña como Profesor Universitario y Consultor en temáticas educativas y de ética empresarial./p /body /html/p /body /html/p /body /html

Hace unos días la Fundación para la confianza dio a conocer los resultados de una investigación que permite visibilizar la realidad de riesgo de abuso en la que se encuentran los niños, poniendo el foco en lo que ocurre en la Región Metropolitana. Los datos, que se encuentran en la web de dicha organización, proporcionan elementos sobrecogedores y alarmantes. Veamos.

El estudio encuestó a adultos mayores de 18 años (52,9% hombres y 47,1% mujeres), y de todos ellos un 73% respondió que cuando niño fue objeto de algún tipo de abuso: sí, leyó bien, un setenta y tres por ciento de los encuestados afirmó haber sufrido abuso en su infancia. Las acciones que mayoritariamente fueron el motor de los abusos las encabezan los manoseos (38%)  y las proposiciones sexuales verbales (10%). Al mismo tiempo, en relación a la etapa en que los niños fueron abusados, se consigna que las situaciones ocurrieron cuando éstos tenían entre 3 y  14 años de edad.

¿Qué está pasando con la debida protección y seguridad de los niños?, ¿cuál es la cultura preventiva que no están observando las familias y que no están aplicando las instituciones educativas en orden a garantizar ambientes seguros?, ¿qué estrategias parentales y pedagógicas revertirían la displicencia de quienes no están siendo proactivos en proveer una convivencia respetuosa? Son muchas las interrogantes que tanto las familias como los centros educativos (desde jardines infantiles hasta liceos de enseñanza media) tienen necesariamente que abordar si es que no quieren ser negligentes ni buscan quedarse como espectadores ante la cruda realidad. Y para que se entienda bien, la cruda,  sombría,  y funesta realidad es tal no por la alarmante cantidad de víctimas. En mi parecer basta solo un caso de abuso para que una comunidad sufra un contexto aciago y deplorable. En este punto vale la pena tener presente una aguda reflexión de Wittgenstein: “Ningún grito atormentado puede ser mayor que el grito de un solo hombre. O mejor, ningún tormento puede ser mayor que el que puede sufrir un solo ser humano. Todo el planeta no puede sufrir un tormento mayor que una sola alma”. 

Me parece fundamental subrayar además, que cuando se afecta la dignidad de un niño, de un ser humano inocente, crédulo, que confía sin dudas en las personas y ambientes que le prometen implícita o explícitamente velar por su desarrollo integral, es toda la comunidad la que, al mismo tiempo que la víctima, resulta herida. Y es que un acto o situación de esta naturaleza deja en evidencia la ocurrencia de una violencia que ha subyacido bajo la efectiva manipulación de quien(es) ha(n) engañado y traicionado para poder cometer sus agresiones. Dicho en simple, si las situaciones de abuso ocurren en un centro educativo, ello implica que la verdad en esa comunidad ha sido vulnerada por la mentira, la displicencia y la negligencia. Entonces, dado que el problema humano en ese contexto es inmenso, resulta necesario reforzar con firmeza el capital moral en todos las unidades educativas. De esta forma la promesa de garantizar a los niños un desarrollo integral no quedará solo en un eslogan.

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