Esperando el Pladeco

Por: 11:35 AM 2018-10-11

Para 2030 la población de Chillán, residente y flotante, llegará a las 300 mil personas, lo que representa un enorme desafío para la capital regional en cuanto a cómo lograr que sus habitantes puedan llegar a vivir en cierto grado de armonía, conciliando aspectos tan fundamentales como el espacio, las relaciones sociales y ambientales, la operación de servicios públicos para toda una región, nuevos negocios y una gestión que debería ser lo más sustentable posible. 

Se trata de una dinámica compleja y que debe ser enfrentada, a no dudarlo, con una planificación anticipada. Y para eso precisamente existen los planes de desarrollo comunal (Pladeco), que junto con plantearse metas de mediano plazo, cumplen el importante rol de anticipar nuevos escenarios. 

En el caso de nuestra ciudad, tendremos una combinación de ambos objetivos, es decir un instrumento de planificación que se hará cargo de proyectos de adelanto que tienen urgencia, como otros que no necesariamente son obras físicas y están signados por la premura, pero que son igual o más relevantes para el futuro de la ciudad. En ambos casos, pero sobre todo en el segundo, es probable que se incorporen varias ideas que surgieron en los diálogos ciudadanos realizados la primera mitad de este año. 

El municipio se autoimpuso como plazo la última semana de diciembre para entregar el plan que está a cargo de la Universidad del Bío-Bío y que actualmente se encuentra en su última fase, consistente en fusionar los proyectos elaborados por el municipio y los que emergieron desde la comunidad en las jornadas de participación vecinal. 

Revisando sectorialmente, en medio ambiente hay propuestas para enfrentar la contaminación atmosférica en invierno, como también en materia de áreas verdes, donde tenemos el más bajo índice de todas las ciudades chilenas. Movilidad, en tanto, es un aspecto donde hay bastante coincidencia entre la ciudadanía y las autoridades, en cuanto a la necesidad de una nueva red vial. Por último, en el área de economía y negocios es donde se ve más débil la planeación, sobre todo pensando en que nos ubicamos por debajo del promedio país de urbes de igual tamaño, como consecuencia de la falta de nuevos emprendimientos, baja productividad y un reducido porcentaje de inversión en innovación y desarrollo. 

El Pladeco, entonces, debe hacerse cargo de todo aquello, de modo multidisciplinario, con instancias de participación abiertas a todo tipo de profesionales y ciudadanos en general, ya que serán necesarios los esfuerzos de todos los habitantes, no solo de los niveles universitarios o empresariales, para desarrollar de modo sustentable y con mayor equidad, la capital de Ñuble. 

Esperando que no se produzca ningún contratiempo, que sí los ha tenido especialmente en su etapa inicial, todo indica que 2019 recibirá a Chillán con una nueva hoja de ruta, lo que debe valorarse, pero sin nunca olvidar que para que el planeamiento estratégico realmente funcione debe existir convicción política y capacidad intelectual para monitorear sus instrumentos y logros. 

Cuando aquello brilla por su ausencia, ocurre la deformación cultural que conduce a la incapacidad de comprender el real valor de la planificación y las ciudades terminan siendo un monumento a la improvisación. Chillán no ha llegado a ese extremo, pero buena parte de sus problemas se deben precisamente a una sucesión de ejercicios fallidos de planificación, y eso no debemos olvidarlo, menos ahora que tiene la responsabilidad de responder a su nuevo estatus de capital regional. 

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