Solidaridad con los inmigrantes

Por: Carmen Pérez Riquelme 2017-04-10
Carmen Pérez Riquelme
Docente Escuela de Administración y Negocios

Docente Escuela de Administración y Negocios

Profesora de Inglés PUC

Mg. En Educación Basada en Competencias

U de Concepción, Campus Chillán

Nuestra ciudad ha recibido, en los últimos meses, una gran cantidad de emigrantes haitianos, quienes han debido abandonar su país para buscar un mejor bienestar material y psicológico. Es reconfortante saber que ellos deben sentirse beneficiados del orden cívico y las humildes oportunidades de trabajo que nuestra ciudad les ofrece.

Es un hecho que Chile no cuenta con la infraestructura económica para ofrecer a los emigrantes la satisfacción de sus necesidades fundamentales, tales como acceso a un servicio de salud expedito y oportuno, educación de calidad y oferta de trabajos bien remunerados. Tampoco existe un marco legal, para otorgar a los inmigrantes los derechos de ciudadanía, y con eso evitar el abuso de empleadores poco éticos, quienes les contratan por salarios más bajos que los que exige la ley. Es una inconsecuencia abrir las fronteras a los inmigrantes, y luego denominarlos “ilegales”. No tenemos, además, la debida plataforma educativa para enseñar el idioma español, como existe en los países desarrollados, donde los inmigrantes, primero reciben instrucción formal pero gratuita para aprender el idioma local, y así promover la inserción social. Aun así, Chile se ha convertido en un foco migratorio, y la falta de recursos económicos o legislación amigable parece no detener el proceso.

En Chillán, la llegada de ciudadanos haitianos, aporta un componente de diversidad étnica, que ha generado diversas reacciones, algunas un tanto xenofóbicas y otras de mucha generosidad en términos de ayuda material.

Estamos ciertos que los ciudadanos no podemos ocuparnos, a título personal, de sustentar una campaña permanente de caridad, para subsanar carencias que el estado no puede suplir; pero sí podemos hacer y hacernos mucho bien si ponemos en ejercicio la verdadera solidaridad. La solidaridad concebida como un valor, y no solo como un acto de caridad. El valor de la solidaridad se basa en la igualdad universal de las personas; se opone al egoísmo porque busca el bien común, por sobre el bien individual; su finalidad no se limita a solucionar carencias materiales, sino también al bien espiritual. 

Una persona solidaria, es aquella que cree y actúa en consecuencia para resguardar el desarrollo de todos sin distinción de raza, sexo, nacionalidad, credo o militancia, porque entiende que el menoscabo de la dignidad de algunos, afecta a todo el entorno social.

Emigrar a una tierra extraña, generalmente no es un decisión feliz, tomada con espíritu aventurero. La mayoría de los emigrantes han sido privados de alguno o algunos de sus derechos fundamentales. ¿Cuál es la actitud correcta para ayudar de verdad? En concreto, ciertas acciones pueden hacer toda la diferencia: se puede ayudar siendo empáticos, interesándose por la cultura de los inmigrantes, poniendo a su disposición nuestras redes de conexiones sociales para facilitar la búsqueda de trabajo o vivienda; prestar un oído atento para ayudar con la carga emocional que implica la adaptación… en fin, tratar a los aquellos como si fueran los nuestros. 

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