Gobernación, moneda de dos caras

Por: Claudio Martínez Cerda 2017-03-16
Claudio Martínez Cerda

Director Santa María la Real-Chile
Estudios Universitarios: Universidad de Chile.
Postítulo: Magister en Administración Pública. Instituto Universitario Ortega y Gasset, Madrid, España, 1999. Universidad de Sevilla, España, 2003. Subdirector Administrativo de Gendarmería de Chile, 1991 – 1993. Director Nacional de Gendarmería de Chile, 1993 – 1997.

El edificio de la gobernación es sin duda una de las construcciones post 1939, más emblemáticas de la ciudad. Por su magnitud (ocupa una manzana entera sin perder la escala), por su diseño, que responde al movimiento modernista que aterriza con inusitada fuerza en el Chillán de la reconstrucción y por su simbolismo, pues representa el poder político en la provincia y futura región. 

Más allá de cualquier controversia por quienes han sido o son sus inquilinos, la gobernación es una suerte de moneda de dos caras. Por un lado está la Plaza de Armas, la explanada, la Catedral entre otros edificios igualmente emblemáticos en la ciudad. La otra cara de esta moneda es la conocida como el “Patio de los Naranjos”. Degradado, descuidado y sucio, baño público y guarida de drogadictos en algunos casos, a solo metros de esta joya arquitectónica y del corazón de la ciudad. 

¿Quién es responsable de esto?

Todos somos responsables, las autoridades que han sido indiferentes con este espacio público y nosotros los ciudadanos, que hemos carecido de la fuerza suficiente para exigir su recuperación. 

Se ha anunciado, en buena hora, la remodelación del barrio cívico el que incluiría el denominado “Patio de los Naranjos”. Qué hacer allí, es la pregunta del caso. Si nos ponemos en la mente de los diseñadores, con toda seguridad estos, con clara influencia del movimiento modernista europeo, imaginaron una plaza de encuentro, de la ciudadanía que concurre a diario a realizar distintas actividades en los servicios públicos que circundan este espacio. Imaginaron lo que se conoce como plaza cívica. 

Pero qué ocurrió: se incorporó una calle y se convirtió en una especie de rotonda alargada en sus extremos, con lo cual dejó definitivamente de ser una plaza y mucho menos un patio. 

Es aparentemente fácil recuperar este espacio. En primer lugar se deben sacar a los automóviles de la superficie. Este es uno de los pocos espacios en Chillán que permite sin mayor costo colateral realizar o construir estacionamiento públicos subterráneos (más baratos que los actuales, eso sí). Luego, transformar efectivamente este espacio en una plaza dura, en la cual se realicen ferias, exposiciones, espectáculos callejeros etc. 

Por su forma es una especie de gran anfiteatro. A ver si en una de esas recuperamos además el Paseo Arauco para los automóviles y regularizamos el uso de ese espacio público que mantiene fracturada la ciudad y alicaído el comercio de esa zona. 

Y si pensamos en grande podríamos techar este gran espacio o parte de él, generando la plaza techada más grande de Chile y de América Latina. Sería sin duda un atractivo turístico. 

Y por último, la guinda de la torta. Ubicar en el centro -donde está hoy el parque central- pero a nivel de zócalo (para no romper la continuidad) un gran centro cultural y Museo de la Región de Ñuble, en una acuerdo público privado con los concesionarios de estacionamiento. Este modelo de negocios ya se ha desarrollado en el Centro Cultural Moneda, en Santiago. 

Es mucho pedir, es mucho soñar. Bueno es solo la locura de un arquitecto chillanejo que ama a su ciudad. Pero ya que la autoridad ha anunciado que se remodelará el centro cívico, incluido el Patio de los Naranjos, sería bueno que el ejercicio que ha hecho este humilde chillanejo en público, lo haga cada habitante de Chillán, para que lo que allí se haga sea reflejo también de los sueños de los ciudadanos. 

No podemos repetir el error del Paseo Arauco, donde una mala idea fue acompañada, además, de un mal diseño. Lo manifestado por el Sr. alcalde, de vincular ambas caras de la moneda en la gobernación es una buena idea que espera por un buen diseño.

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