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Nadie entra ni sale

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“Nadie entra ni nadie sale de Chillán”. El draconiano anuncio de un cordón sanitario realizado por el ministro de Salud, Jaime Mañalich, remeció a muchos ayer por la mañana, y a toda la ciudad con el correr de las horas en que se iban conociendo los alcances de esta medida, motivada por el avance del coronavirus en la capital de Ñuble, que con 50 casos es la segunda ciudad del país con más contagios, solo superada por Santiago.

Para el cerco, que comenzará a las 12 horas de hoy, se definió un perímetro que solo será atravesado por el transporte de bienes y servicios básicos para la continuidad de la operación de la ciudad y que no considera salvoconductos por razones laborales.

También entró en vigencia el toque de queda y en los próximos días se activarán un testeo rápido y albergues para el cumplimiento de cuarentenas con la debida supervisión médica.

Medidas extraordinarias para una situación extraordinaria, pues nadie duda que la vida en Chillán, tal como la conocíamos hace algunas semanas, cambiará sustancialmente, trayendo consigo sensaciones negativas y complejas.

De seguro habrá miedo, rechazo y ansiedad por las restricciones que se imponen, pero las autoridades han llamado a entender que serían “males menores” frente a una condición clave para la eficacia del aislamiento, como supuestamente es la aplicación de estrictas limitaciones a la libertad de desplazamiento. 

Limitaciones que son discutibles en todo caso, y por lo mismo habrá que seguir con atención sus alcances y costo-beneficio, pues es una medida que parece bien orientada para evitar contagios desde Chillán a otras comunas, pero no tan clara en cuanto al objetivo de reducir la propagación del Covid-19 dentro de la intercomuna

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