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Municipalidad e Intendencia barajan opciones para seguir con los comedores solidarios

Mauricio Ulloa

Sin tapujos, varios vecinos de la población Luis Cruz Martínez admiten que “si no fuera por la comida que nos dan acá en la sede vecinal, no tendríamos qué comer”.

La lista de este comedor solidario, el primero que comenzó a operar en la Región de Ñuble, alcanzó a los 220 usuarios, llegando además a ser la más grande. Y tanto a ellos, como al resto de los encargados de los otros comedores de Chillán, todos voluntarios, les sorprendió que les avisaran mediante una circular, que la municipalidad había decidido suspender estos servicios en el radio urbano, debido al inicio de la nueva cuarentena total que a partir de hoy, se volvió a instaurar.

Consultada la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco) sobre la veracidad de esta información, respondieron a La Discusión, a través de su canal de comunicaciones, que “el alcalde Sergio Zarzar explicó que por razones sanitarias contempladas en las medidas preventivas, los comedores solidarios urbanos ya no podrán funcionar. Sin embargo, aclaró, sí lo harán los comedores rurales de El Litral, Confluencia, Quinchamalí y Lautaro, que se ubican fuera del espacio de restricción”.

La información también incluye que “los alimentos no perecibles e insumos se repartirán de manera equitativa entre la comunidad que diariamente recibía sus raciones de comida preparada”.

Y tras anunciar la llegada de cajas de ayuda solidaria en esta semana, finalizó diciendo que “una vez más la municipalidad, y el esfuerzo de sus funcionarios, están junto a ustedes”.

Esa circular, una vez en manos de los dirigentes vecinales encargados de las ollas comunes, hizo que cada equipo de voluntarios comenzara en la tarde de hoy a repartir los insumos en bolsas.

“Y nosotros ya las repartimos todas”, explica Eduardo Pino, encargado del comedor solidario de la junta de vecinos, Los Puelches.

Sin embargo, advierte que “hay mucha gente que no tiene ni para comprar gas, entonces no veo cómo va a poder cocinar” y que “hay una persona postrada a la que hay que ir a dejarle el alimento a su casa porque no puede cocinar, y ya nos conseguimos permiso diario para llevárselos”.

Nos interesa que sigan

No solo los dirigentes vecinales quedaron sorprendidos.

El propio intendente, Martín Arrau, se mostró confundido ante la decisión municipal.

“No sé si existe una resolución especial que ellos (la municipalidad) tengan para ordenar los cierres de las ollas comunes, pero a nosotros nos interesa que sigan funcionando, y sí cuentan con nuestra autorización para seguir operando”, dijo.

La propuesta de la Intendencia es que los encargados de los comedores anotaran los contactos telefónicos de los beneficiarios, y pudieran organizar en grupos de cinco o seis personas, dentro de los mismos vecinos que reciben esta ayuda, para que puedan colaborar con llevarles las viandas a quienes vivan cerca de ellos.

“Nosotros entendemos que mientras más restricciones sanitarias, hay más gente necesitada de ese tipo de servicios. Pero la idea es que se puedan organizar y que en vez de ir 100 personas, se ayuden entre los mismos vecinos y así se evitan las filas, que es lo que se busca”, explicó.

También sugirieron la confección de horarios para que los vecinos de distintos sectores de una misma población puedan ir a buscar la alimentación por turnos.

Y pese a que hasta el pasado lunes también se había barajado la idea de que los voluntarios pudiesen llevar la alimentación casa por casa, esto implicaba un gasto de casi 15 mil pesos diarios para comprar las bandejas desechables para 100 personas, lo que lo hizo inviable.

“La idea nuestra es que los vecinos sigan llevando sus fuentes y sus ollas. Así lo han estado haciendo en otras ciudades como Santiago o Concepción con sus comedores solidarios, mientras han estado en cuarentena”, añadió el intendente.

Pese a la diferencia de ideas que hay entre la municipalidad y la Intendencia, Arrau aseguró que se había reunido en la mañana de hoy con el alcalde Zarzar, a quien le expuso su propuesta.

“Y lo que me dijo fue que lo iba a estudiar, pero en ningún momento me comunicó que se pensaba en suspender su funcionamiento”, precisó.

Tras esa reunión, no volvieron a sostener otra en todo el día.

Nóminas a Carabineros

Otra divergencia que se observa entre la municipalidad y la Intendencia respecto a los comedores sociales es también de orden comunicacional.

Según Alan Ibáñez, coordinador de Seguridad Pública de Ñuble, el que la municipalidad haya decidido suspender los comedores, “no es así, al menos yo desconozco esa orden, pero lo que yo sé es que el municipio ya envió una nómina con todos los comedores que van a seguir funcionado, a Carabineros”.

Según Ibáñez, esas nóminas ya fueron entregadas y se dará un horario acotado para que puedan operar con normalidad.

El intendente Arrau tenía agendada una reunión con siete dirigentes vecinales encargados de estas ollas solidarias, quienes fueron expresamente a pedir que los ayudara para que no se suspendieran las atenciones.

Solo llegaron tres.

Bajamos la delincuencia

Los alimentos no perecibles que el municipio ordenó repartir de manera equitativa entre los mismos vecinos que iban a retirar alimentos, son solo aquellos insumos conseguidos por la entidad pública.

“Pero representan un 75% de los alimentos que se reparten, porque el otro 25 por ciento restante se consiguen a través de aportes voluntarios que los mismos vecinos hacen, o por gestión dirigencial”, advierte Ricardo Rodríguez, uno de los primeros organizadores de los comedores solidarios de la comuna.

De lo anterior se desprende que un 25% se quedaría sin su ración.

Para Juan Navarro, presidente de la junta de vecinos 20-A de la población Luis Cruz Martínez, “es importante que sigamos funcionando como lo hemos estado haciendo. Nosotros llegamos a tener la lista más grande de Chillán, y entre ellos había personas de mal vivir, pero que se iban a sus casas con alimento y sin la necesidad de delinquir para conseguirlo”.

Por eso, a su entender, “el funcionamiento de los comedores es una ayuda para toda la sociedad, porque gracias a eso, acá bajó la delincuencia. Casi no ha habido delitos”.

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