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Migración a la inversa

La han llamado la migración a la inversa y se está dando en el contexto de la pandemia por coronavirus en todo el mundo. Se trata del éxodo desde las ciudades a zonas rurales, motivado en algunos casos por cuestionamientos a los modos de vida urbano y en otros por el retorno de hombres y mujeres que se han quedado sin trabajo y sin la capacidad de alimentar a sus familias.

Entre los primeros, una manifestación clara en Ñuble es el significativo aumento que se ha registrado en la demanda por la compra de parcelas. Un reportaje de la Edición domingo precisamente da cuenta de este fenómeno que involucra a chillanejos que se han trasladado a sus segundas viviendas o han comprado terrenos en comunas rurales para construirlas, como también de habitantes de otras regiones del país que han llegado a desarrollar nuevos proyecto de vida en tierras ñublensinas. La buena “publicidad” de ser la última región creada en Chile, el bajo costo de la vida y su buena ubicación y conectividad de transporte terrestre, han sido imanes para muchas familias.

Así lo afirman diferentes corredores de propiedades que también coinciden en el efecto amplificador de este fenómeno, a causa de la pandemia. Las cifras son contundentes. A la fecha, más del 80% de los casos chilenos han sido detectados en la Región Metropolitana, motivando temor por los contagios y rechazo a lo que ya venía representando en términos de violencia, consumismo e indiferencia.

El polo opuesto son los entornos rurales, menos intervenidos y contaminados; sinónimo de relaciones sociales más comunitarias, solidarias. También porque se idealizan prácticas vinculadas a la tierra, a la vida tranquila. Bajas tasas de criminalidad que dan tranquilidad a proyectos familiares y a la crianza de niños. Espacios menos colonizados por la lógica capitalista, donde el consumo y el dinero son supuestamente menos influyentes; no así la posibilidad de tener una buena conexión a Internet. Ese es un factor clave.” Si no hay internet, no hay negocio”, resumía muy bien una corredora de propiedades sobre esta condición tan relevante para quienes quieren escapar de las aglomeraciones y riesgos urbanos de la pandemia, pero igualmente mantenerse siempre conectados, principalmente por motivos de teletrabajo.

Diferente es la motivación de hombres y mujeres que retornan a sus comunas de origen, después de haber emigrado a las grandes ciudades en busca de mejores oportunidades laborales. Volver a casa para muchas personas no garantiza trabajo, pero generalmente suele asegurar alimentación y techo, como también cuidado de los hijos.

Las localidades que han recibido estos nuevos flujos migratorios ven el fenómeno con alguna expectación y muchísima inquietud. Y no se equivocan: aunque aventurado, es posible proyectar beneficios económicos, nuevas inversiones y empleos. Sin embargo, de lo que no hay duda es que el aumento de población en zonas rurales producirá saturación de la siempre escasa infraestructura, el alza en los valores del suelo, y el arribo de nuevas tensiones sociales, entre otras consecuencias no deseadas de esta migración a la inversa que está cada vez más presente en la Región de Ñuble.

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